Quien se oponga a los derechos de los animales


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“Quien se oponga a los derechos de los animales y sostenga que el hecho de ser persona se basa en ser miembro de la especie Homo Sapiens no es más que un fanático de la especie, no más sensato que los fanáticos de la raza que otorgan mayor valor a la vida de los blancos que a la de los negros. Después de todo, los demás mamíferos luchan por seguir vivos, experimentan el placer y sufren el dolor, el miedo y el estrés cuando su bienestar peligra. Los grandes simios también comparten nuestros placeres más elevados de la curiosidad y el amor a los parientes, y nuestros dolores más profundos, el aburrimiento, la soledad y la pena. ¿Por qué se iban a respetar esos intereses en nuestra especie y no en las demás?”

Steven Pinker. La Tabla Rasa. pag.335 Ediciones Paidós

Es imposible que las leyes puedan proteger los derechos de los animales no humanos si la gran mayoría de la gente no reconoce (reconocemos) moralmente esos derechos y vive (vivimos) una vida que consiste precisamente en violar esos mismos derechos a través de la explotación animal para alimento, vestimenta, entretenimiento, transporte y experimentación.

El paradigma humanista actual es que solamente los seres humanos son merecedores de unos principios morales y éticos, y que todos ellos merecen igual protección. 

Dicho paradigma contiene un aspecto inclusivo (todos los seres humanos merecen igual protección) y uno exclusivo (solo los seres humanos tienen ese estatuts). 

Sólo los individuos reconocidos como personas pueden tener derechos legales. 

En el contexto actual es absolutamente imposible que ninguna ley pueda garantizar los derechos de los animales no humanos puesto que jurídicamente se les considera cosas –bienes muebles– por tanto, no se les reconoce como personas.

Las leyes sólo son el reflejo de la mentalidad imperante en la sociedad, y de los intereses económicos supeditados a esa mentalidad. 

Sólo cuando cambie la forma de pensar predominante en la sociedad podrá haber leyes que puedan proteger realmente los derechos de todos los animales.

Mientras esa situación de “inconsciencia colectiva“ no cambie, la ley está simplemente limitada a regular la «propiedad animal», es decir, el sometimiento de los animales no humanos como propiedades, recursos o mercancías para uso de los seres humanos.

Los animales no pueden quejarse, no pueden hablar. No pueden pedir. Son los perfectos peones. No se sindicalizan, ni piden aumentos. Son piezas dóciles, baratas, sin derechos. No son individuos, son cosas, mercancías.

Son los proletarios idóneos, muy productivos, que no necesitan ausentarse ni tener vacaciones pagadas. Pueden trabajar toda su vida sin que haya que velar por sus necesidades. Susceptibles de padecer maltrato y explotación, sin ningún derecho y asesinados cuando ya no son rentables.

foto: Porque los animales importan – Blog del Partido Animalista – PACMA

Jeremy Bentham, filósofo, economista, pensador y escritor inglés (1748 – 1832); en un pasaje con visión de futuro, escrito en una época en que los franceses ya habían liberado a sus esclavos negros mientras que en los dominios británicos aún se les trataba como tratamos hoy a los animales, Bentham escribió:

Puede llegar el día en que el resto de la creación animal adquiera esos derechos que nunca se le podrían haber negado de no ser por la acción de la tiranía. Los franceses han descubierto ya que la negrura de la piel no es razón para abandonar sin remedio a un ser humano al capricho de quien le atormenta. Puede que llegue un día en que el número de piernas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum sean razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa es la que podría trazar la línea infranqueable? ¿Es la facultad de la razón, o acaso la facultad del discurso? Un caballo o un perro adulto es sin comparación un animal más racional, y también más sociable, que una criatura humana de un día, una semana o incluso un mes. Pero, aun suponiendo que no fuera así, ¿qué nos esclarecería? No debemos preguntarnos: ¿pueden razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?.

Bentham, J. 1789. An Introduction to the Principles of Morals and Legislation. Chapter xvii

En este pasaje, Bentham señala la capacidad de sufrimiento como la característica básica que le otorga a un ser el derecho a una consideración igual. La capacidad de sufrir —o, con más rigor, de sufrir y/o gozar o ser feliz— no es una característica más, como la capacidad para el lenguaje o las matemáticas superiores.

 Peter Singer. Animal Liberation (2ed) , 1990

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