Cuento de invierno

Fragmentos de Filosofía ante la crisis ecológica


Marta Tafalla

No hay escapatoria. No tienes opción. Si eres un cerdo, tu única función es engordar, ser transportado al matadero en un camión abarrotado, observar con terror como matan a otros animales antes que a ti y ser finalmente matado y consumido. Existes para eso. Tu identidad te condena a eso. La única alternativa a ser comido sería que te usaran en experimentación. Se experimenta con cerdos para averiguar cómo hacerlos engordar más rápido. También te podrían usar para experimentos médicos en los que se perfeccionan técnicas quirúrgicas o para la investigación sobre trasplante de órganos. Y los ejércitos usan cerdos en experimentos militares para probar las nuevas armas que inventan y observar el tipo de heridas que producen. Si eres cerdo, no puedes ser libre y vivir tu vida como quieras. Por supuesto que no tienes derecho a elegir, ¿quién te has pensado que eres? Solo eres un animal. Eres irracional, como todos los animales. No tienes espíritu ni dignidad. Y además los cerdos sois sucios y estúpidos. No merecéis más de lo que tenéis. Estás aquí para ser comido, para ser usado, para estarte quieto en tu jaula. Si eres cerda, los hijos que tengas y amamantes en tu jaula, serán comidos. No, tampoco tus hijos tienen alternativa. No hay manera de escapar. Las leyes lo impiden. Las leyes se imponen por la fuerza de la violencia. Si te resistes, te matarán.

Si naces caballo, eres un animal de trabajo. Te pasarás la vida tirando de carros cargados de humanos y sus mercancías, por mucho que te duelan las patas o por mucha hambre, sed o calor que tengas. O te usarán para que niñas y niños aprendan a montar y se acostumbren así a ejercer su dominio sobre las otras especies: te harán dar vueltas y vueltas y más vueltas al mismo recinto como si fueras un tiovivo. O te explotarán en carreras y exhibiciones ganando montones de dinero con tu esfuerzo y dolor. Incluso te drogarán para aumentar tu rendimiento. Pasarás la mayor parte del tiempo atado y encerrado. Sin poder decidir a dónde ir, sin poder echar a correr cuando te apetece, sin poder comerte aquellas matas de hierba unos metros más allá, sin poder relacionarte con tus congéneres cómo y dónde quieras. Querrías acercarte a aquella yegua que está en la otra cuadra, pero no puedes, estás encerrado y ella también. Querrías jugar, querrías tomar el sol, querrías echarte en la hierba, pero tus amos no te lo permiten. Observarás asustado y entristecido como pegan con brutalidad a aquel caballo ya anciano por el que sientes afecto, pero no podrás ayudarle. Sentirás frustración y más frustración y más frustración. Tus antepasados fueron libres y salvajes, su sabiduría sigue viva en tu memoria de especie, pero no puedes usarla. Estás atrapado. Cuando envejezcas y ya no seas capaz de trabajar, te enviarán al matadero, donde tendrás una muerte atroz.

Si eres un atún nadando en el océano, eres un animal fuerte y poderoso. Nadas a gran velocidad y te sumerges en las profundidades. Sigues tus instintos y tratas de hacer lo que tu naturaleza te dice que hacen los atunes. Pero un barco te ha tendido una trampa allá delante y pese a tu fortaleza no podrás escapar. Morirás tras un largo rato de asfixia. Morirás rodeado de otros cuerpos que agonizan, fuera de tu mar, del que te han arrancado, mientras los pescadores ríen.

Eres un ciervo y correteas entre robles y encinas. Crees que eres libre, pero no es cierto. Te observan año tras año. Cuando tus cuernas sean lo suficientemente grandes y poderosas, te matarán por ellas. Esas cuernas que te crecen cada año para exhibir tu salud y tu belleza y entregarte a los ritos de la fertilidad: por ellas te matarán. Esas cuernas que luego caen solas cada año y cuyos minerales nutren la tierra y alimentan a los árboles. Por ellas te matarán. Mientras te crees libre, ellos te están mirando y calculan cuándo te dispararán. Ellos deciden cuánto tiempo te queda. Negocian cuánto vale tu vida. Luego colgarán tu cabeza en su salón.

Conejo, corzo, jabalí, perdiz, león, tigre: acabáis de nacer y os damos la bienvenida a la granja cinegética que usa a vuestras madres como productoras involuntarias de futuras víctimas. Ahí creceréis encerrados, sin posibilidad de desarrollar vuestras capacidades naturales. Cuando a vuestros dueños les convenga, os soltarán en un pedazo de campo, que veréis por primera y última vez. Como nunca habéis vivido libres y salvajes, seréis presa fácil para los cazadores que pagan por acribillaros. Moriréis sin haber entendido nunca el mundo tan extraño que os ha tocado vivir. Quienes os maten creerán que han tenido una aventura emocionante y peligrosa, que son muy valientes, que son muy listos, que son poderosos. Reirán y se emborracharán. A veces van tan borrachos que se disparan entre ellos.

Alce, por aquí no puedes pasar, los humanos hemos puesto una valla. Jaguar, por ahí no hay camino, hemos construido un muro. Lobo, si cruzas la carretera te atropellarán. Zorro, si entras en la autopista estás muerto. Erizo, ¿a quién se le ocurre pararse en mitad de un camino por el que circulan a toda velocidad las motos de los domingueros? Ranas, sapos y salamandras, ¿es que no entendéis lo que es una pista forestal? Águila perdicera, cuidado con los tendidos eléctricos, podrías electrocutarte.

Búho, presta atención a esa alambrada, podrías quedar atrapado y agonizar durante días. Buitre que has visto un animal atropellado y quieres bajar a comértelo, ten cuidado, son las vías del tren de alta velocidad y podría arrollarte a ti también. Salmones, no podéis remontar el río porque hemos construido una presa. Gamos, no bajéis a beber al río porque lo hemos canalizado con paredes verticales de hormigón, y si os caéis y os ahogáis, os consideraremos basura y discutiremos si el agua sigue siendo potable para uso humano, porque el agua es nuestra. 

Tortuga, si te comes esa bolsa de plástico que flota en las aguas de tu océano, te hará enfermar. No te comas tampoco esas pajitas, ni esos vasos de plástico, ni esos fragmentos de globos de colores: vienen todos de una fiesta nocturna en la playa, de gente que celebraba y cantaba feliz, pero a ti te acabarán matando. Ballena, ten cuidado de que tu cría no se quede atrapada en esas redes de pesca abandonadas o la verás morir sin poder ayudarla. Cigüeña, no te lleves esas cuerdas a tu nido, tus polluelos podrían enredarse con ellas. Torcaz, echa de tu nido esas anillas de plástico que servían para unir latas de cerveza, o tus crías acabarán enredándose con ellas y no lograrás liberarlas.

Chimpancé, has sido secuestrado para ser explotado en un circo. Para conseguirte a ti han matado a toda tu familia y recordarás su muerte atroz durante el resto de tu existencia. Te obligarán a actuar en la pista disfrazado, te enseñarán tus números a golpes, vivirás aterrorizado cada uno de tus días. Orangután, serás exhibido en un zoo a miles de kilómetros de tu hogar, un zoo que hará todo lo posible para que dejes embarazada a una orangutana, y luego publicitará las fotos de la cría con el fin de conseguir más visitantes y ganar más dinero. Elefanta, secuestrada desde que eras un bebé, crecerás en un circo, pero como eres tan torpe e incapaz de aprender tu parte del show, te venderán a un zoo; allí harás amistad con otra elefanta que te tratará con afecto, pero la trasladarán a otro zoo porque los animales sois cromos que los zoológicos se intercambian según les conviene y apetece, y a ti te dejarán completamente sola en un foso de hormigón donde te volverás loca. Tigre, serás la mascota en el zoo privado de un mafioso, que te alimentará tan mal que acabarás enfermo. Cocodrilo, ahora perteneces a la colección de un señor de la droga, que te mantendrá en una piscina inmunda mientras su mujer le ruega que te mate para usar tu piel. Macaco, tú y tu familia habéis sido secuestrados por una empresa que se dedica a la experimentación: pasaréis el resto de vuestra vida sin volver a ver la luz del sol, vuestros cuerpos convertidos en herramientas. Os harán enfermar a propósito, os provocarán dolor y medirán vuestro dolor. A algunos os harán adictos a drogas, alcohol y tabaco para comprobar sus efectos. Luego publicarán artículos donde hablarán de vuestro dolor y dirán que gracias a vuestro dolor la ciencia ha progresado. A los científicos que os usan les mejorarán su contrato y les subirán el sueldo. Nadie tendrá con vosotros el menor gesto de empatía. Los investigadores que os utilizan se reirán de la palabra compasión.

Millones de animales salvajes seréis comprados y vendidos, enviados de un país a otro, miles muriendo por el camino, para ser exhibidos en zoos, circos, colecciones privadas, para ser usados en televisión y cine, para ser reducidos a herramientas de experimentación. Así troceamos y desordenamos el mundo natural pedazo a pedazo. Así desvalijamos y desballestamos el tejido de la vida. No importa que los animales salvajes sean quienes hacen funcionar los ecosistemas y que sin ellos los ecosistemas se degraden. No importa tampoco que sean seres inteligentes y emocionales. A los humanos no les importa, siguen adelante en su proyecto ecocida y suicida.

Si eres un insecto, te considerarán un estorbo, una plaga, una cosa sucia y asquerosa, te darán un pisotón, un manotazo, te rociarán con insecticidas. No importa que los insectos sean quienes tejen los hilos de la vida, polinizando plantas, alimentando pájaros o simplemente añadiendo belleza al mundo. Los insectos polinizadores son, junto con los colibríes y el viento, los mensajeros de las relaciones amorosas vegetales, y para ellos han creado las plantas, durante decenas de millones de años de festiva coevolución, miles de flores distintas, cada una de un color, de una forma diferente, con un perfume propio, todas seductoras y embriagadoras. ¿No es hermoso ver y escuchar a los diminutos mensajeros alados llevando el polen de unas flores a otras? No, a los humanos no les interesan esas tonterías.

Si eres un ser humano, tienes una oportunidad que no puedes dejar escapar: si destruyes pedazos de vida, podrás hacerte muy rico. Y con tu riqueza todavía podrás destruir más vida y hacerte aún más rico y así sucesivamente. Puedes convertir los tiburones en dinero, las sardinas en dinero, los rinocerontes en dinero, los ratones en dinero, los visones en dinero, las mariposas en dinero, las sepias en dinero, los caimanes en dinero, las ranas en dinero, las langostas en dinero, las perdices en dinero, los loros en dinero, los jilgueros en dinero. Alquimia. Transmutación de las substancias. Magia. Cualquier especie animal puede convertirse en dinero. Lo cual significa: todas las especies animales pueden ser aniquiladas. ¿Cuántos años necesita el ser humano para extinguir a las otras especies animales? ¿Cuántos años necesitaría para exterminar toda la red de vida que conforma la biosfera? ¿En cuántos años lo logrará? ¿Cuántos años nos quedan?

Marta Tafalla, Filosofía ante la crisis ecológica (Plaza y Valdés, 2022)
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Questioning pets. Pets vs veganism

Soy vegana y tengo gato. Incorrecto. El gato me tiene a mí. Lo salvé de una muerte inminente. Con sólo dos meses, apareció, inexplicablemente, en una cala de El Port de la Selva. Una vez restablecido, veterinario incluido, le dije: “ve a vivir tu vida de gato, ¡anda! vete”. Nunca se fue. Él tiene muy claro que de aquí no le saca ni la Guardia Civil.

Yo no como alimentos que provengan de animales o de su sufrimiento, así que se me plantea la contradicción de darle alimento proveniente del sacrificio de otros animales.

Si compro su comida en el supermercado estoy sosteniendo a la industria cárnica, su crueldad y su explotación. Ilógico e incoherente con mi filosofía de vida.

¿Por qué han de ser torturados y asesinados caballos o vacas, pollos o patos, corderos o salmones para que mi gato o mi perro coman?

Dibujo del artista polaco ©Pawel Kuczynski que critica el especismo
Dibujo del artista polaco ©Pawel Kuczynski que critica el especismo

No se trata de imponer mi filosofía de vida o mis decisiones éticas a mi gato o a mi perro; no sé si las tienen y si fuera así, no creo que concordasen con las mías, por lo que, si respetamos su naturaleza carnívora, pienso que no es consecuente que un vegano conviva con gatos o perros.

Ahora, en la naturaleza, su comida no se asemejaría en nada al pienso o a la lata que compramos para ellos. Lo que les damos no tiene nada que ver con lo que un gato o un perro comería en estado salvaje. Realmente me cuesta imaginarlos matando una vaca o buceando para coger un atún.

En la naturaleza, sobrevivir significa matar para comer o morir de hambre, pero el gato o el perro que vive con nosotros tiene muy poco de natural. Les hemos adiestrado durante siglos para ingerir alimentos ajenos a su dieta tradicional, como el atún.

Alimentarlo de una lata o de una bolsa (en lugar de dejarle buscar su propia comida) es bastante artificial, así que no lo es menos darle comida vegana.

Los veganos podemos optar por no tener animales no humanos con nosotros. Ahora bien, si compartimos la vida con ellos debemos proporcionarles pienso o comida veganos.

Los gatos son hipercarnívoros obligados, lo que significa que en la naturaleza no podrían sobrevivir sin comer carne. Los gatos requieren de una dieta especial ya que necesitan de un aminoácido llamado taurina que se encuentra en los músculos de los animales. También necesitan vitamina A pre-formada y ácido araquidónico, nutrientes esenciales proporcionados por la carne. Las deficiencias pueden causar ceguera y muerte. Sin embargo, la taurina y el ácido araquidónico están disponibles en forma sintética. Hay muchos fabricantes, como Omni, que presumen de haber incorporados dichos nutrientes en sus piensos veganos, así como otros piensos vegetarianos comerciales disponibles que contienen versiones sintéticas de nutrientes esenciales.

Hay quien diría que agregar sustancias sintéticas no suena muy natural, sin embargo, Purina y todos los demás productores también agregan taurina sintética en alimentos a base de carne, porque durante el proceso de fabricación, la taurina natural desaparece de los ingredientes animales debido a la presión y altas temperaturas.

Siempre me ha sorprendido leer en las etiquetas de sus comidas comerciales: elaborados de subproductos animales no aptos para el consumo humano. ¿Si no es bueno para mí, por qué es bueno para él?

fuente: Vegetarian food for pets – Vegetarian Society (vegsoc.org)

Para saber más: Vegan Cats 101: nutrients, not ingredients is what really matters

En español – Unión Vegetariana Internacional (IVU):

Gatos – ¿Una Dieta Vegetariana? (ivu.org)

Los perros – ¿Dieta Vegetariana? (ivu.org)

Aunque los perros están clasificados en el orden de los carnívoros, son considerados omnívoros. Los omnívoros tienen un sistema digestivo adaptado para obtener nutrientes de fuentes de origen vegetal. Por lo tanto proporcionándoles los nutrientes que necesitan para que se alimenten correctamente estarán sanos. 

El 20 de marzo de 2015, la Vegan Society publicó «Vegan animal diets: facts and myths» donde se respalda la alimentación vegana para perros y gatos. El autor del artículo es Andrew Knight, veterinario especialista en bienestar animal, ética y leyes, y profesor de la asignatura Bienestar Animal y Ética en la Universidad de Winchester.

Qué esconde la comida para animales domésticos

Knight explica que algunos piensos cárnicos incluyen restos de animales que tenían enfermedades de riñón, hígado, corazón, tiroides, neurológicas, neuromusculares, de la piel e infecciosas y trastornos hemorrágicos; los alimentos comerciales para mascotas constituyen un gran vertedero industrial para los desechos de matadero, la carne «4-D» (animales muertos, moribundos, enfermos o discapacitados), carne de supermercado en mal estado, carne de perros y gatos muertos en refugios de animales, grasas viejas de restaurantes con altas concentraciones de radicales libres peligrosos y ácidos grasos trans, pescado en mal estado con niveles potencialmente peligrosos de mercurio, PCB’s (polychlorinated biphenyls) y otras toxinas. Knight hace referencia a varios estudios científicos que han encontrado que estos ingredientes son perjudiciales para la salud de perros y gatos: a largo plazo les producen enfermedades hepáticas, renales y cáncer.

 Andrew Kinght publicaba en  2021 una investigación donde analizaba el grado de “apetencia” de más de 3.000 mascotas frente a un pienso carnívoro y otro vegano. No encontró grandes cambios en su comportamiento. Los animales se mostraban igual de entusiastas frente a uno y otro. Kinght consideraba que las dietas plant-based no suponían ninguna carencia (debidamente diseñadas):

Los perros, los gatos y otras especies necesitan unos determinados nutrientes, no necesitan carne o cualquier otro ingrediente. Necesitan un conjunto de nutrientes, y asumiendo que estos son incluidos en dietas lo suficientemente sabrosas como para que deseen comerlas, además de digestibles, deberíamos verles alimentarse correctamente. Y eso es lo que la evidencia científica parece indicar.

Cada vez más personas se hacen vegetarianas por rechazo al trato que reciben los animales. Sin embargo, estas personas siguen alimentando a sus animales de compañía con piensos cárnicos, causando el mismo daño. Un perro de tamaño mediano o tres gatos, consumen aproximadamente la misma cantidad de carne que un ser humano (95 animales al año). Para optar por una dieta vegetariana en animales de compañía hay que estar bien informado. A pesar del gran prejuicio hacia la comida vegetariana para perros y gatos, no hay evidencia científica de que una dieta basada en plantas, minerales y otros ingredientes sintetizados, carezca de los elementos nutricionales que los animales requieren. Las poblaciones de gatos y perros vegetarianos son un ejemplo de animales sanos. Pensemos cuántas vidas se pueden salvar si hacemos la transición al vegetarianismo en nuestros animales de compañía.

Andrew Knight

La universidad de Viena, realizó un estudio a 174 perros. Sus respectivos dueños los alimentaron durante seis meses con piensos comerciales veganos o comida casera vegana. Al finalizar el estudio, ningún perro había desarrollado ningún problema de salud, es más, perros con problemas dermatológicos sanaron o mejoraron. Otro estudio realizado por la Brown University de Rhode Island en EE.UU demostró que con una dieta vegana, bien equilibrada, los valores hematológicos en perros que hacen ejercicio son normales.


La huella de carbono dejada por los alimentos para perros y gatos es considerable. Se estima que en 2017 el carbono emitido por la carne consumida por los animales arrojaba al aire el equivalente a alrededor de 64 millones de toneladas de CO2 al año, lo que es lo mismo que conducir 13 millones de automóviles durante el mismo período.

Esa cifra incluye solamente el carbono emitido por animales que terminan siendo alimento para los nuestros. Aparte de esto, hay que añadir el agua que se utiliza para cultivar los cereales y plantas para alimentar a los animales para el sacrificio, el agua potable que beben, la tala de bosques para tierra de pastoreo, y terrenos y aguas contaminadas por sus residuos.

En 2017, la revista científica Plos One publicó un artículo que estimaba que los gatos y perros en EE.UU. comían el equivalente calórico a la dieta de 63 millones de estadounidenses.

fuente: bbc.com.mundo

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¿Sienten emociones los pulpos, calamares y cangrejos?

Algunos países como Reino Unido plantean incluir en su legislación de bienestar animal a los moluscos cefalópodos y crustáceos decápodos, después de que multitud de estudios científicos avalen que estos invertebrados sienten dolor, lo que abre un dilema moral y ético en las decisiones políticas de muchos estados, según un análisis de la revista ‘Science’.

My Octopus Teacher o Lo que el pulpo me enseñó (2020) NETFLIX

My Octopus Teacher  relata una conmovedora historia sobre un buzo que forja una inusual relación con un pulpo en Sudáfrica, formándose un vínculo entre los dos en el transcurso de un año.

A pesar de que ya sabemos todo el daño que causa la industria de la acuicultura, se sigue trabajando para ampliar el número de especies que podrían ser explotadas. Algunos países, incluida España, están invirtiendo cuantiosas sumas en proyectos científicos cuyo único objetivo es conseguir criar pulpos en cautividad para renovar con ellos el negocio. El filósofo y buceador Peter Godfrey-Smith ha escrito un libro fabuloso acerca de la sofisticada inteligencia de los pulpos: Otras mentes: El pulpo, el mar y los orígenes profundos de la consciencia. En él nos explica que los cefalópodos, cuya evidencia fósil más antigua es de hace 290 millones de años, fueron probablemente quienes desarrollaron la primera forma de conciencia, la primera mente que habitó lo que llamamos planeta Tierra y deberíamos llamar planeta Agua, y precisamente esta primera forma de conciencia es una razón más para llamarlo planeta Agua. Los humanos, que hace tan poco tiempo que existimos, deberíamos sentir respeto ante estos linajes tan antiguos y maravillosos. Godfrey-Smith retrata en
este libro sus sofisticadas formas de vida y nos enseña a admirarlos. Es también coautor de un lúcido artículo en el que se opone a su cría en cautividad para consumo.

Fragmentos de
Marta Tafalla, Filosofía ante la crisis ecológica (Plaza y Valdés, 2022)


El cerebro de los pulpos funciona de forma parecida al nuestro y su curiosidad y su deseo de explorar nos recuerdan nuestra propia sed de conocimiento. Usan herramientas y frente a sus múltiples depredadores, los pulpos son maestros del camuflaje. Pueden imitar su entorno cambiando el color y la textura de su piel al instante y de diversas formas.

En cuanto a la definición de inteligencia, se observa que los pulpos validan todas las condiciones: muestran gran flexibilidad en la obtención de información (uso de varios sentidos, aprendizaje social), en el procesamiento de esta información (aprendizaje discriminativo y condicional), en su retención (memoria de largo plazo), y en su uso (adaptación de comportamiento ante diferentes depredadores y presas).


ADELINE MARCOS (SINC) 25/03/2022

A finales de 2021, Reino Unido consideró a los invertebrados –como moluscos cefalópodos y los crustáceos decápodos– seres sintientes, capaces de experimentar dolor emocional, tras analizar más de 300 artículos científicos al respecto. El Gobierno británico decidió sugerir su protección a través de su proyecto de Ley de Bienestar Animal para evitar su sufrimiento.

Otras naciones ya reconocen la capacidad de sentir de estos invertebrados, con lo que se prohibirían costumbres como la de hervir las langostas vivas. La decisión se basa en la evidencia de que las emociones y las experiencias sentidas – sintiencia– no se limitan a los humanos y otros mamíferos.

“Un informe de la London School of Economics, encargado por el Gobierno del Reino Unido, ha concluido que hay pruebas sólidas para afirmar que los crustáceos decápodos y los moluscos cefalópodos son sintientes”, afirma la profesora y filósofa de la Universidad de York Kristin Andrews, titular de la Cátedra de Investigación de York sobre Mente Animal.

Pero, ¿cómo se define una emoción? ¿Cuál es la relevancia moral de las experiencias animales? Este tema lleva años siendo objeto de debate tanto en la neurociencia afectiva como en la filosofía, y ahora parece estar surgiendo un consenso sobre los criterios e implicaciones morales y éticas.

En un análisis publicado en la revista Science, los científicos Frans de Waal, director del Living Links Center de la Universidad de Emory, y Kristin Andrews, de la Universidad de York, recogen las implicaciones políticas y morales sobre el reconocimiento de las emociones en este grupo de animales.

¿Reflejos o emociones animales?

Hace más de una década, el mismo debate giró en torno a si los peces sentían dolor. Hasta hace poco se pensaba que solo tenían nocicepción, es decir, que reaccionaban de manera inconsciente a estímulos nocivos, como cuando retiramos la mano de la estufa caliente antes de saber que nos va a quemar. Se creía entonces que respondían al dolor por reflejos, pero sin ningún tipo de sentimiento asociado.

La comunidad científica dedujo que, como la nocicepción no llegaba necesariamente al sistema nervioso central y la conciencia, no equivalía a la sintiencia, que en este caso equivalía a experiencias con valor, consideradas por el organismo como atractivas/positivas o aversivas/negativas.

Según explican de Waal y Andrews en su análisis, este debate se zanjó cuando se descubrió que los peces aprenden de los encuentros con estímulos negativos evitando los lugares peligrosos. Un estudio demostró que recuerdan estas zonas porque sintieron y procesaron neuronalmente las experiencias perjudiciales.

En el siglo pasado se decía que los animales son como máquinas de respuesta a estímulos, pero luego llegaron las excepciones: primero los primates, los delfines, los elefantes, los perros y otros mamíferos, después las aves y los peces. Ahora hemos llegado a los invertebrados y hay todo tipo de nuevos estudios sobre abejorros, abejas, etc.”, dice de Waal.

Lo mismo sucede con pulpos, calamares cangrejos. El argumento habitual es que reaccionan a los golpes o al ser capturados, pero no sienten nada.

Sin embargo, la ciencia demuestra que, al igual que los peces, ellos recuerdan los lugares en los que ocurrieron las cosas negativas, “lo que significa que deben haber experimentado estos acontecimientos, por lo tanto, sienten”, continúa el experto para quien todos los animales con cerebro son sintientes.

Un experimento con cangrejos que se esconden de la luz brillante en el laboratorio entrando en un agujero, mostró que estos crustáceos recuerdan los orificios donde recibieron una descarga y los evitan. “Sintieron y recordaron“, dice de Waal.

El lenguaje como señal del sufrimiento

Antes de 1980, esta misma discusión se sostuvo en torno a los bebés humanos a los que los médicos les sometían a procedimientos quirúrgicos con la mínima anestesia o incluso sin ella. La razón es que solo las afirmaciones verbales de dolor eran aceptadas como pruebas de estos estados internos, y la ausencia de lenguaje se equiparaba con la ausencia de estos. Es decir, al no hablar, se pensaba que los bebés no sentían nada.

A pesar de la abrumadora evidencia científica que demostraba que los bebés sí sentían dolor, la actitud no cambió hasta los años 80

“La importancia del lenguaje está sobrevalorada. La gente pensaba: sin palabras, no hay sentimientos, no hay conciencia”, recuerda de Waal.

El lenguaje es la forma en que comunicamos los sentimientos, pero estos pueden ocurrir sin el lenguaje. Esto fue difícil de entender por parte de la comunidad científica. A esto se añadieron los prejuicios sobre qué consideramos que son los animales, como si los humanos no fuéramos animales.

En su escrito, los dos científicos estiman que reconocer la sensibilidad de los invertebrados abre un dilema moral y ético. Los humanos pueden decir lo que sienten, pero los animales no tienen las mismas herramientas para describir sus emociones. “Sin embargo, las investigaciones realizadas hasta ahora sugieren firmemente su existencia”, dice Andrews, que trabaja en un proyecto de investigación llamado Animals and Moral Practice.

¿Cómo tratar entonces a pulpos y cangrejos?

Para los investigadores posiblemente llegue el momento en que las personas acepten que cangrejos, gambas y otros invertebrados sienten dolor y otras emociones. “En realidad, se trata de reeducar nuestra forma de ver el mundo“, señala la científica, para quien sigue siendo una cuestión abierta saber cómo hemos de tratar a ciertas especies.

Según los autores, se trata de una decisión moral: “No podemos actuar como si estos animales no tuvieran sentimientos, ni tratarlos como si fueran piedras” dice Frans de Waal.

publico.es

“Tenemos que dejar de actuar como si los animales fueran insensibles. Esto se aplica tanto a la industria agrícola como a los laboratorios. Solemos tratar a los invertebrados de forma diferente a los mamíferos, como los ratones y las ratas, pero no hay ningún argumento científico sólido para hacerlo”, concluye el experto.


El pulpo

Oscuro dios de las profundidades,

helecho, hongo, jacinto,

entre rocas que nadie ha visto, allí, en el abismo,

donde al amanecer, contra la lumbre del sol,

baja la noche al fondo del mar y el pulpo le sorbe

con las ventosas de sus tentáculos tinta sombría.

Qué belleza nocturna su esplendor si navega

en lo más penumbrosamente salobre del agua madre,

para él cristalina y dulce.

Pero en la playa que infestó la basura plástica

esa joya carnal del viscoso vértigo

parece un monstruo; y están matando

/ a garrotazos / al indefenso encallado.

Alguien lanzó un arpón y el pulpo respira muerte

por la segunda asfixia que constituye su herida.

De sus labios no mana sangre: brota la noche

y enluta el mar y desvanece la tierra,

muy lentamente, mientras el pulpo se muere.

José Emilio Pacheco (escritor mexicano)

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La inteligencia en los animales

Frans de Waal explica en su libro ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? una divertida anécdota, (según él; yo la tildaría de patética) que le explicó Desmond Morris cuando éste trabajaba en el zoo de Londres y todavía “amenizaban” a los visitantes con un execrable espectáculo a la hora del té, con los chimpancés sentaditos a una mesa primorosamente adornada y usando sus tazas, platos y servilletas. Para unos seres que en libertad usan herramientas, esto no constituía ningún problema. Como estos antropoides eran demasiado educados y sus modales exquisitos, el público inglés lo consideró una ofensa a sus costumbres. (Teatime! el súmmum de la virtud y de la civilización). Se tuvo que adiestrar de nuevo a los chimpancés para beber de la tetera, arrojarse las tazas a la cara, en definitiva para comportarse como brutos irracionales que es lo que el público asistente a estos lugares infames cree que ha de ser.

Químicos y biólogos vinculados a universidades y farmacéuticas suelen visitar a grupos humanos de zonas selváticas para aprender sobre el valor terapéutico de las plantas que utilizan, y han advertido que los indígenas de estas selvas utilizan el conocimiento de los animales en cuanto al uso y utilidad de estas plantas.

Se ha descubierto que los orangutanes de Borneo fabrican medicamentos para aliviar inflamaciones musculares y de las articulaciones. Estudios de más de 20.000 horas de observación de estos primates han dado a conocer cómo fabrican un emplasto que obtienen de la planta Dracaena Cantleyi. Mastican las hojas para obtener una emulsión que aplican sobre sus miembros doloridos durante unos 7 minutos.
Este conocimiento del valor terapéutico de plantas se denomina zoofarmacognosia, es decir, cuando los animales no humanos se automedican seleccionando e ingiriendo o aplicando tópicamente fármacos psicoactivos para prevenir o reducir los efectos nocivos de patógenos y toxinas.

Investigaciones han desvelado que los delfines Nariz de Botella que habitan en el Mar Rojo se automedican con corales, esto es, frotan su cuerpo selectivamente, cabeza, vientre y aletas, contra una especie de coral blando, con fines medicinales. Utilizan estos corales para protegerse de infecciones microbianas. Las crías observan a los adultos mientras estos se ponen en fila esperando su turno. Los científicos investigaron en el laboratorio las sustancias químicas que liberan estos corales y efectivamente descubrieron que estos compuestos bioactivos poseen propiedades antibacterianas.
Las mariposas monarca cuando están infectadas por parásitos depositan sus huevos en determinadas plantas tóxicas que los desparasitarán.

¿Es el conocimiento del valor terapéutico de ciertas sustancias un signo de inteligencia que nos equipara a todas las especies?


Los científicos desaconsejan interpretar el comportamiento animal en términos de emociones humanas, advirtiendo que el antropomorfismo limita nuestra capacidad de comprender a los animales como realmente son.

  • Una gorila de un zoo alemán pasó varios días de luto por la muerte de su bebé.
  • Una elefante salvaje cuidó de una hembra más joven después de que fuera herida por un macho.
  • Unas ratas se negaban a empujar la palanca de alimentación al ver que haciéndolo dañaban a una compañera.

¿No son estos signos claros de que los animales tienen emociones reconocibles e inteligencia moral?

«Si mi hijo llorara durante la noche, instantáneamente sentiría dos narices frías presionando mi cara: levántate, padre negligente, tu hijo te necesita. Mis dos perras son mejores padres que yo. La bondad y la paciencia parecen tener una clara dimensión moral. Son formas de lo que podríamos llamar “preocupación”, estados emocionales que tienen como foco el bienestar de los demás, y la preocupación por el bienestar de los demás se encuentra en el corazón de la moralidad. Si ellas estaban preocupadas por el bienestar de mi hijo, entonces, tal vez, estaban actuando moralmente: su comportamiento tenía una motivación moral. Y así, en esas noches brumosas de la paternidad temprana, nació un rompecabezas dentro de mí, uno que me ha estado carcomiendo desde entonces. Si hay algo en lo que la mayoría de los filósofos y científicos siempre han estado de acuerdo es en el tema de la excepcionalidad moral humana: los humanos, y solo los humanos, son capaces de actuar moralmente. Sin embargo, los perros rescatan a sus amigos y los elefantes cuidan a los parientes heridos: los humanos no tienen el monopolio del comportamiento moral.»

Mark Rowlands is professor of philosophy at the University of Miami. His latest book is Running with the Pack (Granta).

Marc Bekoff (biólogo, etólogo, ecologista del comportamiento y profesor titular de Biología en la Universidad de Colorado) defiende la inteligencia de los animales no humanos y su moralidad documentando sus comportamientos. Afirma que poseen códigos morales que condicionan su conducta. La moralidad, en este caso, sería una estrategia evolutiva cuyo fin sería conseguir el bien común. El error cometido desde hace cientos de años ha sido estudiar la conducta animal desde el punto de vista de la emoción humana. Que un animal mate a otro para comer es mera supervivencia, no inmoralidad, ni crueldad. Estudia la moralidad en base a tres factores: la empatía, la justicia y la cooperación, y saber aplicarlos a cada especie.

  • Cooperación, que incluye altruismo, reciprocidad, honestidad y confianza.
  • Empatía, que incluye simpatía, compasión, dolor y consuelo.
  • Justicia, que incluye compartir, equidad, juego limpio y perdón.

Respecto a la racionalidad de los animales Plutarco nos dice:

«Pues la naturaleza, de la que con razón dicen que todo lo hace por algo y con vistas a algo, no hizo al ser vivo sensible para que se limitara a sentir cuando algo le afecta; antes bien, dado que muchas cosas son familiares para él y muchas otras le son hostiles, no podría sobrevivir ni un instante si no aprendiera a guardarse de unas y a tener trato con las otras.
Ciertamente es la sensación la que permite a cada cual discernir tanto unas como otras; pero el hecho de atrapar y perseguir lo beneficioso, que se sigue de la sensación, así como el hecho de escapar y huir de lo que es destructivo y doloroso, todo ello de ninguna manera podría aparecer en seres que no estuvieran naturalmente dotados para el razonamiento, el juicio, la memoria y la atención»
. (Plutarco, 2002: §961A)


Los animales tienen una rica vida emocional e intelectual. Charles Darwin argumentó que la diferencia entre animales y humanos es solo de grado, no de tipo, y que esto también es cierto para el sentido moral. En “El origen del hombreDarwin señala; «cualquier animal que estuviera dotado de instintos sociales bien marcados podría desarrollar un sentido de conciencia».


Ya sabías que tu perro hará que lo perdones después de hacer una trastada y que tu gato conseguirá de ti todo lo que se proponga. Pero… ¿y si no fueran los únicos listillos de la clase?

6 datos sorprendentes sobre la inteligencia de los animales


Un grupo de perros salvajes salvan a una bebé recién nacida que había sido abandonada, aún con el cordón umbilical, desnuda y a la intemperie. La madre y sus cachorros la encontraron y cuidaron de ella toda la noche, dándole su calor corporal para que sobreviviera a las frías temperaturas.


La inteligencia animal resulta más habitual de lo que se pensaba. Ahora sabemos que las aves tienen habilidades que se creían exclusivas de los humanos. Las urracas se reconocen frente al espejo; los cuervos aprenden a construir y a usar herramientas y los loros grises africanos saben contar, clasifican objetos por el color o la forma y aprenden el significado de las palabras.

Cada vez más pruebas indican que el pollo doméstico posee una inteligencia sorprendente. Son ingeniosos, astutosmaquiavélicos y también compasivos. Hacen gala de complejas habilidades comunicativas y emplean señales complejas para dar a conocer sus intenciones. Y no solo eso: cuando toman decisiones apelan a su experiencia y a sus conocimientos sobre la situación, resuelven problemas difíciles y prestan ayuda ante un peligro.

fuente: Investigación y Ciencia Junio 2014


Debaten Manuel Carballal, Miguel Pedrero y Juanjo Sánchez-Oro en La Rosa de los Vientos sobre la inteligencia animal en contraposición a la inteligencia humana. ¿Somos el único animal que tiene conciencia de la muerte?
Explican cómo viven y entienden la muerte los animales con los libros LA ZARIGÜEYA DE SCHRÖDINGER de la doctora en filosofía Susana Monsó y EL BONOBO Y LOS DIEZ MANDAMIENTOS del primatólogo Frans de Waal; y KOKO la gorila que aprendió a hablar.

Cuando la zarigüeya se siente amenazada, se paraliza, con los ojos y la boca abiertos en una mueca petrificada, la temperatura corporal y respiración reducidas al mínimo, la lengua desplegando un tono azulado y sus glándulas anales oliendo a podrido. Pese a este disfraz de cadáver putrefacto, sigue pendiente de su entorno, lista para volver a la acción. Como el gato en la famosa paradoja de Schrödinger, la zarigüeya está viva y muerta al mismo tiempo.

La zarigüeya nos muestra el concepto de la muerte en otras especies y cómo viven su mortalidad: chimpancés que limpian los dientes a sus cadáveres, cuervos que evitan los sitios donde vieron un muerto, elefantes obsesionados con recolectar marfil y ballenas que cargan con sus fallecidos durante semanas.

A lo largo de la historia, el ser humano se ha creído el único animal con una consciencia de la mortalidad. Esta creencia no obedece más que a nuestros sesgos antropocéntricos y en nuestra relación con la muerte, somos tan solo un animal más.

Si en el pasado se sostenía que los animales carecían de emoción y sentimientos, en la actualidad los estudiosos del comportamiento animal pueden afirmar que la ayuda mutua, la compasión e incluso la angustia por la muerte de un congénere no son una excepción en la conducta de determinadas especies, sino la regla. Tras investigar las comunidades de bonobos y chimpancés, (lamentablemente e incoherentemente, con prácticas más que cuestionables, de un modo nada ético y exento de la compasión que él confiere a estas criaturas) el primatólogo Frans de Waal demuestra que los primates exhiben conductas claramente altruistas y que distinguen entre lo correcto y lo incorrecto.


The Council of Horses from John Gay's Fables By John Ferneley
The Council of Horses from John Gay’s Fables  – John E Ferneley National Trust Derby, United Kingdom

Cuán desdichada es nuestra raza,

Condenada a esclavitud y desgracia.

¿Es nuestro destino ser esclavos,

puesto que nuestros padres ya cadenas llevaron?

Considerad, amigos, vuestra fuerza y poderío;

para hacer valer vuestro libre albedrío.

Enjaezados para arrastrar el pesado carruaje dorado,

la soberbia del hombre es nuestro oprobio.

¿Fuimos creados para el duro trabajo diario?

¿Para arrastrar el arado por el barro?

¿Para sudar el arnés en la vereda?

¿Para gemir bajo la carga que nos quiebra?

Cuán débil es la raza de dos piernas,

y qué magna nuestra fuerza.

¿Debemos someter nuestros nobles belfos a la espuma indigna

y crujir de dientes con ira?

¿Con qué derecho cabalga engreído sobre mí el humano?

¿Y con su espuela hacerme sangrar los costados?

Impídelo, por los cielos, rechaza las riendas.

Clamemos por nuestra libertad,

y, ante nuestro nombre, que empiece a temblar.


JOHN GAY, THE COUNCIL OF HORSES (1727) TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL de LUISA CLAVER OÑATE

Las implicaciones éticas del trato que reciben

Los animales no pueden quejarse, no pueden hablar. No pueden pedir. Son los perfectos peones. No se sindicalizan, ni piden aumentos. Son piezas dóciles, baratas, sin derechos. No son individuos, son cosas, mercancías.

foto: Porque los animales importan – Blog del Partido Animalista – PACMA

Son los proletarios idóneos, muy productivos, que no necesitan ausentarse ni tener vacaciones pagadas. Pueden trabajar toda su vida sin que haya que velar por sus necesidades. Susceptibles de padecer maltrato y explotación, sin ningún derecho y asesinados cuando ya no son rentables.

Las leyes son el reflejo de la mentalidad imperante en la sociedad, y de los intereses económicos supeditados a esa mentalidad y no se establecerán leyes que protejan los derechos de los animales si no se reconocen moralmente esos derechos. Mientras esa situación de “inconsciencia colectiva“ no cambie, la ley se limita a regular la propiedad animal, es decir, el sometimiento de los animales no humanos como propiedades, recursos o mercancías para uso y abuso de los seres humanos.

El paradigma humanista actual es que sólo los seres humanos son sujetos de derecho, merecedores de unos principios morales y éticos. Dicho paradigma contiene un aspecto inclusivo (todos los seres humanos merecen protección) y uno exclusivo (sólo los seres humanos poseen esa condición). 

Quien se oponga a los derechos de los animales y sostenga que el hecho de ser persona se basa en ser miembro de la especie Homo Sapiens no es más que un fanático de la especie, no más sensato que los fanáticos de la raza que otorgan mayor valor a la vida de los blancos que a la de los negros. Después de todo, los demás mamíferos luchan por seguir vivos, experimentan el placer y sufren el dolor, el miedo y el estrés cuando su bienestar peligra. Los grandes simios también comparten nuestros placeres más elevados de la curiosidad y el amor a los parientes, y nuestros dolores más profundos, el aburrimiento, la soledad y la pena. ¿Por qué se iban a respetar esos intereses en nuestra especie y no en las demás?

Steven Pinker. La Tabla Rasa. pag.335 Ediciones Paidós

Jeremy Bentham, filósofo, economista, pensador y escritor inglés (1748 – 1832); en un pasaje con visión de futuro, escrito en una época en que los franceses ya habían liberado a sus esclavos negros mientras que en los dominios británicos aún se les trataba como tratamos hoy a los animales, Bentham escribió:

Puede llegar el día en que el resto de la creación animal adquiera esos derechos que nunca se le podrían haber negado de no ser por la acción de la tiranía. Los franceses han descubierto ya que la negrura de la piel no es razón para abandonar sin remedio a un ser humano al capricho de quien le atormenta. Puede que llegue un día en que el número de piernas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum sean razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa es la que podría trazar la línea infranqueable? ¿Es la facultad de la razón, o acaso la facultad del discurso? Un caballo o un perro adulto es sin comparación un animal más racional, y también más sociable, que una criatura humana de un día, una semana o incluso un mes. Pero, aun suponiendo que no fuera así, ¿qué nos esclarecería? No debemos preguntarnos: ¿pueden razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?

Bentham, J. 1789. An Introduction to the Principles of Morals and Legislation. Chapter xvii

En este pasaje, Bentham señala la capacidad de sufrimiento como la característica básica que le otorga a un ser el derecho a una consideración igual. La capacidad de sufrir —o, con más rigor, de sufrir y/o gozar o ser feliz— no es una característica más, como la capacidad para el lenguaje o las matemáticas superiores.

 Peter Singer. Animal Liberation (2ed) , 1990
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La carne. Meat or flesh?

Dibujo del artista polaco ©Pawel Kuczynski que critica el especismo

Mientras lees esto, en algún lugar del mundo, una cerda madre está encerrada en una jaula, totalmente inmovilizada, hasta que nazcan sus lechones.

En este mismo momento, una vaca madre muge de dolor porque le han arrebatado a su bebé sin ni siquiera poder rozarlo.

Y un pollo muere a las pocas semanas de vida, con grandes dolores y un gran sufrimiento, tras ser engordado artificialmente.

Es la triste realidad de estos animales -cada momento, cada día- en todo el mundo.

Carol J. Adams acuñó el concepto referente ausente absent referent refiriéndose a la desconexión que se produce en la gente ante el plato de carne. Las costillas de cordero son algo totalmente inconexo con la preciosa y tierna criatura a la que probablemente serían incapaces de hacer ningún daño. El plato de carne nunca es alguien, es algo y por ello se produce esta ausencia referencial: un ser vivo que, al igual que todos nosotros, quería seguir viviendo.

Durante el embarazo las cerdas permanecen confinadas en jaulas tan pequeñas que no pueden darse la vuelta ni caminar hacia delante o hacia atrás

Después de su encierro en el embarazo, las cerdas son inmovilizadas desde el parto hasta el destete de los lechones

Foto de Jim Masón y J. A. Keller, del libro Animal Factories

Los lechones son retirados del lado de su madre a las dos semanas de su nacimiento, a la hembra se la vuelve a preparar para una nueva gestación. A los lechones se les amputa la cola, los dientes, el hocico, se les castra, sin utilizar anestesia o analgésicos. Se trata de operaciones sumamente dolorosas

A algunos a las tres o cuatro semanas se les sacrificará; otros son destinados a ser cebados durante seis meses antes de ser conducidos al matadero.

La corta vida de estos cerdos se desarrolla dentro de las jaulas sin moverse y sin ver la luz del sol. Su única ocupación es comer hasta alcanzar el peso ideal para el sacrificio.

El maltrato de cerdos en las granjas es continuo desde su nacimiento hasta el momento en que son sacrificados en el matadero.

Foto de Jim Masón y J. A. Keller, del libro Animal Factories

Esta es la sola y única razón por la que no he vuelto a probar carnes o embutidos

mama pig and baby- Pigs for Meat – Woodstock Sanctuary

Los cerdos son inteligentes, curiosos y pulcros. Su inteligencia es comparable a la de chimpancés y delfines. En libertad su esperanza de vida se sitúa en los 15 años, pero la carne de cerdo proviene de animales sacrificados entre los 3 y 6 meses de edad.

Cada año se sacrifican de 40 a 50 millones de cerdos en España.

Cinco prácticas crueles en extremo, legales y habituales en las granjas industriales

Los consumidores deben saber la verdad

Foto cortesía de Humane Farming Association

Esta ternera estabulada pasará toda su vida confinada en esta estrecha jaula para que sus anémicos músculos permanezcan tiernos hasta que la descuarticen. Para poder tumbarse, estas terneras tienen que encorvarse hasta lograr encajar sus piernas en un establo de 55 cm.

Ternera: (llamada así por la ternura de su carne). Tierna por la falta del movimiento y ejercicio propios de cualquier cría, y blanca por la falta de hierro y minerales.

Las vacas son animales curiosos e inteligentes. Las madres se dedican al cuidado de sus crías con total entrega. En libertad estos animales pueden llegar a vivir de 25 a 30 años, pero la industria cárnica sacrifica a las terneras entre el primer y el segundo año de vida.

Cada año se sacrifican unos dos millones y medio de terneras en España.

Pavorosa cifra del número de algunos animales sacrificados al año en el mundo

Ahora sabemos que las aves tienen habilidades que se creían exclusivas de los humanos. Las urracas se reconocen frente al espejo; los cuervos aprenden a construir y a usar herramientas y los loros grises africanos saben contar, clasifican objetos por el color o la forma y aprenden el significado de las palabras.

Cada vez más pruebas indican que el pollo doméstico posee una inteligencia sorprendente. Son ingeniosos, astutosmaquiavélicos y también compasivos. Hacen gala de complejas habilidades comunicativas y emplean señales complejas para dar a conocer sus intenciones. Y no solo eso: cuando toman decisiones apelan a su experiencia y a sus conocimientos sobre la situación, resuelven problemas difíciles y prestan ayuda ante un peligro.

La inteligencia animal resulta más habitual de lo que se pensaba.

Esta nueva visión de la capacidad cognitiva del pollo tiene implicaciones éticas por el trato que se les dispensa en las granjas avícolas. Reconocerles estos rasgos obliga a reconsiderar las condiciones abusivas y de maltrato en unos sistemas de producción destinados a obtener carne y huevos al menor precio.

Los investigadores han tardado un siglo en averiguar qué discurre por su cerebro. En los años veinte del pasado siglo, el biólogo noruego Thorleif Schjelderup-Ebbe dictaminó que se regían por un sistema jerárquico. Comprobó que los pollos dominantes imponían su voluntad a otros pollos si tomaban iniciativas por encima de su rango.

El siguiente avance relevante tardaría décadas. En la Universidad de Los Ángeles, se clasificaron sus cantos y se determinó que el repertorio del pollo constaba de unos 24 sonidos, muchos específicos de ciertas situaciones, como una llamada de advertencia ante una amenaza.

Las observaciones indicaban que en ese cerebro del tamaño de una nuez debían estar sucediendo cosas insospechadas.

Las vocalizaciones codificaban información específica que pretendía desencadenar una reacción concreta en los congéneres. Según los etólogos, las llamadas de los pollos son «funcionalmente referenciales», esto es, se refieren a objetos y acontecimientos concretos, de modo muy similar a las palabras. Es como si creara una imagen mental del objeto al oír la llamada que le incita a reaccionar, ya sea huir ante un depredador o acercarse a una fuente de alimento.

También reveló que los pollos adaptaban los mensajes a la audiencia del momento. Estos hallazgos indican que el ave no se limita a reflejar su estado de ánimo en las vocalizaciones, como cuando está asustada o hambrienta, sino que interpreta la trascendencia de los acontecimientos y, lejos de responder por simple reflejo, parece meditar sus acciones. Se diría que piensa antes de actuar.

Las llamadas referenciales demuestran que habíamos subestimado la inteligencia del pollo. Los estudios también han planteado una pregunta intrigante: si pueden transmitir información sobre acontecimientos que tienen lugar en su entorno, ¿podrían ocultar esas noticias o incluso difundir información falsa para obtener provecho de esa conducta engañosa?

La lista de habilidades cognitivas de los pollos sigue creciendo con cada nuevo hallazgo. Giorgio Vallortigara, de la Universidad de Trento, ha demostrado que los individuos jóvenes pueden distinguir números y usar la geometría. Por ejemplo, si se les muestra un triángulo inacabado pueden reconocer la forma que tendría con todas sus partes.

El hecho de que el pollo doméstico posea ese pensamiento tan avanzado lleva a reflexionar sobre su inteligencia. Debió de heredar sus aptitudes cognitivas de su antepasado silvestre, el gallo bankiva. Su sociedad ancestral estaba formada por bandadas duraderas. Un macho y una hembra dominantes dirigían cada grupo y, como en tantas otras sociedades, obtenían lo que deseaban, alimento, espacio o apareamiento, manteniendo a raya a sus subordinados. Los machos dedicaban gran parte del tiempo a exhibirse ante las hembras y proporcionarles sustento. Estas observaban con atención a los machos, juzgaban y recordaban sus acciones. La competencia en la bandada no representaba el único factor que estimulaba la capacidad mental de las aves. Debían afrontar diversas amenazas externas, cada una de las cuales exigía una estrategia de huida distinta. Estas condiciones les obligaron a idear tácticas inteligentes para lidiar con sus congéneres y con los peligros del entorno, así como maneras de comunicarse. Esta inteligencia perdura en el pollo doméstico.

Que esta inteligencia corresponda a miles de millones de animales devorados por los humanos pone sobre la mesa la cuestión del trato que reciben. Aves que en libertad solían vivir en pequeñas bandadas son ahora alojadas en compañía de hasta 50.000 congéneres. La esperanza de vida de diez años se acorta hasta seis meses escasos en los pollos para carne; son sacrificados a esta tierna edad porque han sido genéticamente seleccionados para crecer con tanta rapidez que si se les dejase vivir más sufrirían terribles cardiopatías, osteoporosis y fracturas óseas.

El destino de las gallinas ponedoras no es mucho más halagüeño: viven 18 meses recluidas en el espacio de un folio de papel.

La flexibilidad y la adaptabilidad del pollo, heredadas del sociable gallo bankiva, podrían contribuir a su perdición, porque le permiten sobrevivir en las condiciones antinaturales y de maltrato continuado. Esto no cesará mientras a la gente no le importe la procedencia de los alimentos y desconozca la notable naturaleza de este animal.

La verdadera naturaleza de la inteligencia de los pollos apenas ha comenzado a desvelarse, pero una cuestión está clara: distan mucho de ser las aves bobas que antaño se pensaba.

fuente: Investigación y Ciencia Junio 2014


El ternero manchado

Nació manchado el ternero
Siendo su madre tan blanca,
Manchado como las flores
Cuando las quema la escarcha.

La culpa fue de la lluvia,
Que en el país de la nata
Jugó con él en el barro
Sin saber su madre blanca.


Efraín Barquero (poeta chileno)

Cerdo ante Dios

Tengo siete años. En la granja observo

por la ventana a un hombre que se persigna

y procede a matar un cerdo.

No quiero ver el espectáculo.

Casi humanos, escucho

alaridos premonitorios.

(Casi humano es, dicen los zoólogos,

el interior del cerdo inteligente

aun más que perros y caballos.)

Criaturas de Dios los llama mi abuela.

Hermano cerdo, hubiera dicho San Francisco.

Y ahora es el tajo y el gotear de la sangre

y soy un niño pero ya me pregunto:

¿Dios creó a los cerdos para ser devorados?

¿A quién responde: a la plegaría del cerdo

o al que se persignó para degollarlo?

Si Dios existe

¿por qué sufre este cerdo?

Bulle la carne en el aceite.

Dentro de poco

tragaré como un cerdo.

Pero no voy a persignarme en la mesa.

José Emilio Pacheco (México, 1939) EN RESUMIDAS CUENTAS (ANTOLOGÍA)


Amontonados, sedientos y hambrientos, enloquecidos de terror y dolor


Amontonados, sedientos y hambrientos, enloquecidos de terror y de dolor




El Roto

El Roto
Viñeta de El Roto
El Roto
Viñeta de El Roto
El Roto
Viñeta de El Roto

Viñeta de El Roto

¿Por qué comemos carne?

La empatía natural hacia los animales hace que puedas cuidarlos e incluso quererlos y, sin embargo, comemos tanta carne que cada minuto se sacrifican 180.000 animales que hasta entonces han malvivido en espacios reducidos, estresados, mal alimentados, mutilados o atiborrados de antibióticos. Esto no suena a precisamente a cuento de Disney, pero varios factores en tu infancia te hicieron normalizarlo.

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Una película vegana ‘Casa De Carne’, que destaca los problemas de sufrimiento animal en la producción de alimentos, ganó el primer premio de los Tarshis Short Film Awards.

La película, creada por Dustin Brown para la organización sin fines de lucro Last Chance for Animals (LCA), presenta a tres amigos en un futuro no tan lejano que deben sacrificar ellos mismos a los animales que eligen para cenar en un restaurante de alta gama .

Según Brown, quien se inspiró en la serie de televisión The Twilight Zone y en las novelas de Philip K. Dick, quiere “hacer que la gente piense y cuestione su realidad cotidiana“.

Gran parte de nuestra vida cotidiana está desconectada de la naturaleza y de los sistemas de opresión y explotación que en gran parte están ocultos para nosotros. La película es una herramienta poderosa para abrir la cortina“.

Ahora más que nunca, necesitamos historias que amplíen nuestro círculo de empatía y nos permitan ver el mundo a través de una lente más compasiva. Es fácil usar nuestras diferencias como puntos de partida para el conflicto: diferente raza, diferente religión, diferente país … diferente Y, sin embargo, todos estamos compartiendo este planeta. Nuestras similitudes superan con creces nuestras diferencias. De eso se trata esta película“.

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La pesca deportiva: la invisible y silenciosa agonía

Los peces sienten dolor

Cada año, aproximadamente, miles de millones de animales acuáticos son torturados con anzuelos y redes, asfixiados y ahogados. Golpeados y apaleados hasta la muerte. Desollados vivos, uno de los métodos de tortura más horrorosos o hervidos mientras aún mantienen la plena consciencia.

Estos seres tienen un sistema nervioso altamente desarrollado y capacidades cognitivas avanzadas equivalentes a los mamíferos.

Al ritmo en que los humanos están saqueando los océanos, los expertos vaticinan el fin de la vida en el mar en 2048.

Compassionate Farming Education Initiative (CFEI)
P.O. Box 740911 Boynton Beach, FL 33474, US

…quiero pensar el cielo cuando estaba
sin boquetes y sin apocalipsis
quiero pensarlo cuando era
el complemento diáfano del mar
pensar el mar cuando era limpio
y las aletas de los peces
acariciaban los tobillos…

Mario Benedetti

¿Quién le ha robado a la luna ese trozo que le falta? Se lo han robado los peces para vestirse de plata.

Los peces sienten dolor como cualquier otro animal.

Su sistema nervioso no difiere demasiado del nuestro.

Poseen neurotransmisores, como las endorfinas, que les hace responder ante situaciones de sufrimiento.

Ante una amenaza, los peces reaccionan al igual que el hombre con síntomas que indican estrés: aumento del ritmo cardíaco, respiratorio y de liberación de adrenalina.

Gritos que nadie oye

Según el biólogo marino Michael Fine, la mayoría de los peces vocalizan sonidos en respuesta al miedo cuando son perseguidos, asidos o pinchados.

El zoólogo Wïlliam Tavolga realizó experimentos que demostraban que los peces pueden sentir miedo y dolor.

En el año 2003, científicos de la Universidad de Edimburgo concluyeron que los peces muestran comportamientos asociados al dolor y que se mueven de una manera deliberada para evitarlo.

Las neuronas en los cerebros de los peces mostraron un modelo parecido al de los humanos cuando experimentan dolor.

Por su parte, la conductista animal Temple Grandin afirmó que, aunque los peces carecen de neocórtex, son capaces de tener consciencia ya que «especies distintas pueden usar sistemas y estructuras cerebrales diferentes para tratar las mismas funciones.»

Fishing is legal animal abuse

La pesca no es un deporte, es maltrato

Si quieres ir a pescar, coge primero el anzuelo y clávatelo en el labio superior.

Y, recuerda, no hagas a los demás lo que no deseas que te hagan a ti.


Piscifactorías. Infierno acuático

El sufrimiento oculto y silencioso que los peces soportan es inimaginable.

Los peces de piscifactorías viven en unos tanques donde solo pueden nadar en círculos en un agua sucia y turbia de sus propios desechos. 
Una vez que estos peces llegan al peso requerido se les cambia de contenedor sin el agua necesaria para respirar adecuadamente, expuestos al sol directo durante horas, creándoles un sufrimiento terrible y una muerte lenta y agónica. También se les extraen las vísceras mientras están todavía conscientes. 
Salmones y tilapias son víctimas propicias, ya que son animales muy resistentes. Soportan condiciones extremas y se han convertido en la especie más explotada.
Las disposiciones legales para la protección de los peces son inexistentes. Así como en algunos países se avanza a pasos de tortuga en cuanto a la protección y derechos animales, los peces no gozan de ninguna consideración ya que no se suele tener la percepción de que los peces son seres sintientes como los demás animales.
Esta percepción hace que los peces estén más cercanos a las plantas que a los demás animales. El lenguaje usado es muy revelador.  Los peces se cultivan (dentro de laboratorios), se siembran en los estanques y se cosechan una vez que alcanzan el peso adecuado. 

A los demás animales se les cuenta por individuos. Cada segundo, se matan en el mundo 3.000 animales para el consumo humano. Vacas, cabras, pollos, ovejas, corderos, cerdos y caballos. A los peces se les cuenta por “toneladas”. Unos 150 millones de toneladas al año, cantidad muy superior a aves y mamíferos.
Es difícil de entender cómo se puede negar que son animales que sienten miedo y dolor. Cuando les llega su destino fatal, los peces intentan huir. Son conscientes del peligro y temen por sus vidas. El problema es que nuestra relación con estos animales viene marcada por la falta de comprensión y conexión con ellos porque viven en un entorno diferente al nuestro. Eso no significa que sean inferiores o tengan menos derechos que otros animales.

Un estudio llevado a cabo por la Royal Society Open Science descubrió que los salmones criados en estas granjas marinas sufren depresión severa. Los expertos descubrieron que estos animales llegan a tener actitudes suicidas por la falta de estímulos y las condiciones de hacinamiento.
Dejarlos morir de inanición, arrojarlos vivos a la basura y dejarlos morir de asfixia, por terrible que parezca, no va contra ninguna ley , no hay nada que denunciar porque nada de eso se considera un delito.

Para cambiar la realidad de maltrato que viven los animales, dejémosles fuera de nuestro plato.

Piscifactorías y maltrato animal

Los peces piensan, sienten y son brutalmente maltratados. No cabe duda: un pez siente tanto como lo pueda hacer tu perro o tu gato. La pregunta es, y ahora, ¿qué?

Maltrato a truchas y salmones en barcos de sacrificio en Escocia

¿Sabías que de todos los animales que matan los humanos, los peces son los más significativos en número? ¡En todo el mundo, se capturan hasta 3 billones de peces del mar y se crían hasta 160 mil millones en granjas para el consumo humano!
Los peces son los animales más olvidados y no hay preocupación por su bienestar. Parte del problema es la dificultad de comunicación entre los peces y los humanos. No tienen expresiones faciales que podamos entender o no gritan ni hacen sonidos perceptibles para el oído humano. Sin embargo, los peces son animales sensibles y conscientes, y tienen la capacidad de experimentar placer y dolor.
Aprenden, juegan, cuidan de sus crías, usan herramientas y colaboran entre ellos.

¿Redes de pesca tan altas como un edificio de tres plantas y grandes como un campo de fútbol? 

Las grandes empresas pesqueras las usan para barrer el fondo marino y lo destruyen todo a su paso, matando a delfines, focas, corales, caballitos de mar y cientos de especies más que habitan nuestras aguas.

Esta actividad tan nociva se conoce como pesca de arrastre [1] y se utiliza aquí mismo, en Europa, en rincones tan preciados de nuestros océanos como las áreas marinas protegidas [2].

La UE podría prohibir esta práctica en estas zonas, pero la industria pesquera quiere impedirlo para proteger sus beneficios, capturando inmensas cantidades de «producto» de una sola pasada [3].

Esta práctica causa más daños irreversibles al fondo marino que ninguna otra actividad humana [4]. En esencia: convierte nuestros preciados ecosistemas marinos en desiertos.

Y, lo que es peor, al llevarse por delante zonas enteras del fondo marino, la pesca de arrastre libera casi tanto carbono como toda la aviación mundial [5]. Están destruyendo la capacidad natural del océano para combatir el cambio climático [6].

[1] https://europe.oceana.org/en/our-work/bottom-trawling/overview
[2] https://europe.oceana.org/en/publications/reports/unmanaged-unprotected-europes-marine-paper-parks
https://europe.oceana.org/sites/default/files/oceana_2020_unmanaged_equals_unprotected_marine_paper_parks.pdf
Echa un vistazo a este video producido por organizaciones colaboradoras para descubrir el funcionamiento y las consecuencias de la pesca de arrastre (reportaje en inglés con entrevistas en español)
[3] https://www.greenpeace.org/aotearoa/story/what-is-bottom-trawling-and-why-is-it-bad-for-the-environment/
[4] https://europe.oceana.org/en/our-work/bottom-trawling/overview
[5] https://www.fishsec.org/2021/03/25/bottom-trawling-release-as-much-carbon-dioxide-as-air-traffic/
https://www.theguardian.com/environment/2021/mar/17/trawling-for-fish-releases-as-much-carbon-as-air-travel-report-finds-climate-crisis
[6] El carbono que libera la pesca de arrastre contribuye a la acidificación del océano y reduce su capacidad para absorberlo de la atmósfera. Eso impide que pueda mitigar los efectos del cambio climático y acelera el calentamiento global.
https://climatekids.nasa.gov/ocean/

Seaspiracy examines the global fishing industry, challenging notions of sustainable fishing and showing how human actions cause widespread environmental destruction.

Seaspiracy examina la industria pesquera mundial, desafiando las nociones de pesca sostenible y mostrando cómo las acciones humanas causan una destrucción ambiental generalizada.

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El zoo-i-lógico o el zoo-lógico

Los zoos son una reliquia del siglo XIX, cada día más difícil de defender, profundamente ligados al colonialismo y al supremacismo de la época.

Asegurar que los zoos son una ventana abierta a la naturaleza incidiendo en su proyecto pedagógico es cuando menos perverso. Lo que se aprende visitando un zoo es que es aceptable privar a los animales de su libertad para nuestro beneficio. Que es moralmente correcto el dominio y la sumisión entre especies, en vez de educar en el respeto entre ellas.

El zoólogo y etólogo inglés Desmond Morris decidió dejar su puesto de cuidador de mamíferos en el zoo de Londres afirmando que “llegué a aprender lo suficiente para saber el daño que se les hacía a los animales al tenerlos cautivos, y simplemente no quise seguir”.

Frans de Waal explica en su libro ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? una divertida anécdota, (según él; yo la tildaría de patética) que le explicó Desmond Morris cuando éste trabajaba en el zoo de Londres y todavía “amenizaban” a los visitantes con un execrable espectáculo a la hora del té, con los chimpancés sentaditos a una mesa primorosamente adornada y usando sus tazas, platos y servilletas. Para unos seres que en libertad usan herramientas, esto no constituía ningún problema. Como estos antropoides eran demasiado educados y sus modales exquisitos, el público inglés lo consideró una ofensa a sus costumbres. (Teatime! el súmmum de la virtud y de la civilización). Se tuvo que adiestrar a los chimpancés para beber de la tetera, arrojarse las tazas a la cara, en definitiva para comportarse como brutos irracionales que es lo que el público asistente a estos lugares infames cree que ha de ser.

Apelar a su función conservacionista, defender los zoos como lugares de preservación de determinadas especies, es otra de las perversidades esgrimidas para mantener abiertos estos lugares.

Lo que debemos reflexionar es si importa más la desaparición de una determinada especie o el sufrimiento individual de los seres que la conforman. Una especie no sufre su desaparición, quienes sufren son cada uno de los individuos que forman parte de la misma, y por ello, la existencia de un determinado grupo jamás justifica el confinamiento de por vida y la esclavitud.

Un rinoceronte salvaje que se halle al borde de la extinción está probablemente más satisfecho que un ternero que pasa su corta vida dentro de una caja minúscula, y que es engordado para producir jugosos bistecs. El satisfecho rinoceronte no está menos contento por ser uno de los últimos ejemplares de su especie. El éxito numérico de la especie del ternero es un pobre consuelo para el sufrimiento que el individuo soporta.

Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad, Yuval Noah Harari

No existe una forma éticamente aceptable de mantener a los animales encerrados. Fuera de su hábitat, de su clima y de sus fuentes de alimento, confinados durante toda su vida, cualquier medida que se tome para paliar su calvario será insuficiente.

No es fácil para nuestro cerebro humano ponernos en el lugar de un tigre, un elefante, una jirafa o un hipopótamo. Pero deberíamos intentarlo. Nos resultan fascinantes, nos encanta mirarlos y por eso los convertimos en fantasmas de sí mismos. Animales que parecen animales pero que no presentan ningún comportamiento animal. De cerca, sólo transmiten frustración y miedo.

Los tigres son cazadores solitarios con un olfato y un oído extremadamente sensibles, que viven en vastos territorios, siempre cerca del agua, y tienen una morfología diseñada para el movimiento.

Los elefantes tienen una vida social muy compleja y organizada. Las manadas viajan en grupos de varias docenas y se estructuran alrededor de un matriarcado. Son nómadas que recorren hasta 80 km en un solo día. Beben mucha agua, que es vital para su bienestar, su vida social y su acicalamiento. Conocemos su larga memoria, su capacidad para utilizar herramientas y sus procesos de duelo por los miembros de su manada.

En los zoos es frecuente verlos meciéndose, balanceándose y sacudiéndose constantemente para descargar el estrés y compensar la falta de movimiento.

Los osos pasan la mayor parte de su vida solos y son ágiles escaladores en busca de alimento. Principalmente activos durante la noche, pasan los meses fríos en hibernación.

En cautividad, los osos muestran comportamientos estereotipados, sobre todo cuando viven en cercados pequeños y vacíos, o cuando pasan las noches encerrados en el interior. Viven en condiciones inhóspitas, sin agua para bañarse, estructuras para escalar ni sustrato natural para cavar.

Tigres, elefantes y osos son sólo algunas de las víctimas, pero muchas, jirafas, hipopótamos, leones, monos, cebras, lobos, focas, rinocerontes, reptiles, pagan con una vida entera de cautiverio y privaciones el precio de nuestro entretenimiento.

Magistral artículo del escritor y periodista Xavier Bru de Sala publicado en El Periódico del sábado, 27/08/2016

Cerrad el Zoo de una vez  Xavier Bru de Sala

Los zoológicos son una escuela de insensibilización ante el sufrimiento animal

Cuando el próximo año el Zoo de Barcelona celebre su 125º aniversario, volveremos a escuchar la ridícula cancioncilla justificativa de los profesionales que viven de él. Afirman que se trata de un espacio destinado a la preservación, a la sensibilización, la educación y la investigación. Por muy loables que sean, y lo son, estas actividades no enmascaran para nada el hecho primordial, absolutamente execrable: el zoo es una prisión de animales. El zoo es un infame campo de concentración donde malviven más de 2.000 animales, encerrados en jaulas o en espacios exiguos, alejados de sus hábitats, obligados a soportar las condiciones impuestas por sus carceleros humanos. En el zoo, los animales apresados se ven privados de ejercer sus funciones vitales, la primera de las cuales consiste en procurarse el alimento, y la segunda, esquivar el ingreso en el estómago de un predador (salvo los pocos afortunados, como los elefantes, que solo temen a los predadores humanos).

Una prisión de animales 

En los zoológicos, unos animales sufren porque deben ser exhibidos a la pública curiosidad de una especie superior. El mensaje que transmite la visita a un zoo es del todo incompatible con el respeto a la biodiversidad. Si sus responsables políticos fueran coherentes con los principios que defienden, el zoo de Barcelona habría dejado de existir hace tiempo. ¿Cómo es que todavía sobrevive, en una ciudad antitaurina y en un país que prohíbe los espectáculos con animales? ¿Cómo es que, después de largas luchas reivindicativas, hemos trasladado las cárceles para humanos al campo, pretendemos cerrar el CIE y en cambio mantenemos la prisión de animales en la Ciutadella? No tiene explicación alguna. No tiene ninguna justificación. No hay nada más anticonservacionista que un zoológico urbano. Es como si los ecologistas adoraran el carbón.

No son necesarias las denuncias sobre el maltrato, aún más brutal y oculto, en los calabozos subterráneos del zoo, porque el hecho esencial no ha variado desde el siglo XIX: los zoos son exactamente lo contrario de lo que presumen, una escuela de insensibilización de visitantes -empezando por los niños- hacia el sufrimiento de los animales. Lo que proclaman los zoos, y más los urbanos, es la superioridad absoluta de nuestra especie sobre todas las demás. Les tenemos encarcelados, sometidos, les tratamos como nos da la gana, y si sobreviven es gracias a nosotros porque nos deben la vida. Somos los reyes de la creación.

La paradoja de Barcelona

Para cualquier animal -y la mayoría están dotados de una capacidad olfativa y auditiva muchas veces superior a la humana-, ser privado de los ruidos y los olores de su hábitat es causa de sufrimiento. Peor todavía: verse obligado a soportar un clima extraño, los malos olores, la polución y los ruidos de todo tipo de máquinas de la ciudad tiene que ser algo muy similar a una tortura. He aquí la paradoja de que una ciudad que se proclama campeona de los valores más avanzados y solidarios mantiene una prisión de más de 13 hectáreas donde se amontonan más de 2.000 animales. Aunque a Barcelona le sobrasen pulmones verdes, que no es precisamente el caso, el zoo debería haberse cerrado.

Poner fin al oprobio

Este maldito campo de concentración lo pagamos los barceloneses con nuestros impuestos. Bastaría, pues, una sola votación del consistorio para poner a fin al oprobio. Hay que suponer que, llegado el caso, solo los populares estarían en contra y que sus súbditos de color naranja se abstendrían para quedar bien. Recordemos que las dos formaciones son partidarias declaradas de infligir sufrimientos innecesarios a los animales. Los socialistas, que defienden la modernidad para disimular su connivencia con el incremento de la desigualdad, tendrían que estar en contra. También los neoconvergentes. Ni que decir tiene que ERC debería haberse lanzado a la yugular de esta grave anomalía. Y que los comunes y la CUP tendrían que competir, sin dejar de tirarse los trastos a la cabeza, por ver quién es más animalista. Pero, muy lamentablemente, nuestros concejales, todos, son cómplices del angustioso sufrimiento de animales. La única noticia publicada, o proclamada, por doquier es que en el zoo de Barcelona ha nacido una jirafa. Milagro. ¡Vaya mérito! Ahora bien, a nadie se le ocurre pedir que la unan a los pocos miles de congéneres que aún sobreviven en libertad.

Cerrar la prisión de animales se dice pronto, argumentan los carceleros y sus insensibilizados amigos cuando se encuentran acorralados. ¿Y qué hacemos con los reclusos? No los podemos soltar por las calles, nadie quiere en Catalunya una reserva como la de Sigean y, manchados de humanos como están los presos, ya no sobrevivirían en sus hábitats. ¡Qué problemón! Pues innovad en programas de readaptación, o regaladlos a zoológicos no urbanos o a ciudades más retrógradas que la nuestra.

Se puede decir más alto pero no más claro

¿Puede alguien explicarme por qué estoy entre rejas y de qué se me acusa?
El Roto

El zoo-lógico

En el siguiente vídeo se muestra un ejemplo del poder de las tecnologías 7D que hacen aún más real lo que se proyecta en la pantalla. ¿Un zoo virtual?

En este zoológico virtual los visitantes pueden interactuar con los animales en espacios que imitan su hábitat natural. Se les puede observar en movimiento mientras se tiene la sensación de estar frente a ellos.

Increíble tecnología 7D con hologramas

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¿Qué supone el consumo de lácteos?

En la sociedad occidental, escasamente en la oriental, se consumen productos derivados de las secreciones mamarias de hembras no humanas (principalmente vacas, pero también ovejas y cabras), que son procesados en forma de leche, queso, mantequilla, nata o yogur.

Mucha gente cree (gracias, entre otras cosas al bombardeo publicitario) que las vacas viven felices en los pastos con sus hijos, los “terneros” (llamados así por la ternura de su carne, por el valor que le damos los humanos a su cadáver) y que gustosamente nos “dan” su leche.
Pero en realidad, el consumo de lácteos es el mayor causante de maltrato continuo, de una vida miserable que implica un ciclo sin fin de inseminación artificial, embarazo, parto y ordeño.


Se nos dice que la vaca ríe, pero ninguna víctima ríe
(DefensAnimal.org)

Las vacas “lecheras” (adjetivo funesto y deplorable) son privadas de libertad, sin importar si sus cárceles (granjas) son más amplias (ganadería ecológica) o viven hacinadas sin apenas moverse (ganadería industrial).

Son inseminadas artificialmente (el ganadero introduce el semen por la vagina de la vaca).


Cuando paren se les arrebatan sus hijos, lo que ocasiona un terrible sufrimiento emocional a las madres y a sus crías. Muchos hemos oído mugir lastimeramente a las vacas durante días. Esto se lleva a cabo a los pocos minutos de nacer porque la leche, que en cualquier mamífero es para alimentar a sus crías, es extraída para consumo humano.


Si las crías son machos, se confinan en cajones en los que no pueden moverse, para que no fortalezcan la musculatura, alimentados con una dieta baja en hierro y así su carne será “tierna” y “blanca”.

Si son hembras, entran en el ciclo sistemático de partos y separaciones de sus crías y, como sus madres al acabar su vida lechera útil, son enviadas al matadero.
Mientras tanto, a las madres se les sigue ordeñando (insisto, leche destinada a su cría) hasta que desciende su producción de leche y vuelta a empezar.
A los 5 años, más o menos (las vacas pueden vivir hasta los 25 años), cuando dejan de ser productivas por dar poca leche, son enviadas al matadero para ser sacrificadas y vendidas como “carne”.

¿Qué pasaría si los anuncios de leche dijeran la verdad? Descúbrelo en 5 frases

Una granja lechera de México

foto Igualdad Animal

Un ternero en el suelo. Había nacido unas horas antes de que se tomara la foto y, si te fijas bien, puedes ver cómo llama a la vaca que está detrás de la valla. Es su madre. Los dos habían sido separados poco después de que ella diera a luz. La razón por la que encuentro esta foto tan impactante es porque se ve lo desvalido que está. Acababa de nacer y era su primera experiencia con el mundo. Es como si estuviera abandonado en una isla. Le oía llamarla, pero nunca volverían a estar juntos. Era desgarrador. Todo lo que quería era estar cerca de su madre y sentir el calor de su cuerpo junto a él.

Al igual que los humanos, las vacas sólo producen leche para su cría. Pero los humanos quieren esa leche. Así que se separa al ternero de su madre para arrebatarles la leche y embotellarla y venderla para consumo humano.

fuente Igualdad Animal

La vaca está triste,
muge lastimera,
ni duerme, ni bebe
ni pasta en la hierba.
La vaca está triste,
porque a su chotito
se lo han llevado
los carniceros
al mercado.
Está tan delgada,
la vaca de Elena,
que en vez de dar leche,

da pena.

Gloria Fuertes

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