La inteligencia en los animales


Los científicos desaconsejan interpretar el comportamiento animal en términos de emociones humanas, advirtiendo que el antropomorfismo limita nuestra capacidad de comprender a los animales como realmente son.

  • Una gorila de un zoo alemán pasó varios días de luto por la muerte de su bebé.
  • Una elefante salvaje cuidó de una hembra más joven después de que fuera herida por un macho.
  • Unas ratas se negaban a empujar la palanca de alimentación al ver que haciéndolo dañaban a una compañera.

¿No son estos signos claros de que los animales tienen emociones reconocibles e inteligencia moral?

Marc Bekoff, biólogo americano, escribe en Wild Justice: Si mi hijo llorara durante la noche, instantáneamente sentiría dos narices frías presionando mi cara: levántate, padre negligente, tu hijo te necesita. Mis dos perras son mejores padres que yo. La bondad y la paciencia parecen tener una clara dimensión moral. Son formas de lo que podríamos llamar “preocupación”, estados emocionales que tienen como foco el bienestar de los demás, y la preocupación por el bienestar de los demás se encuentra en el corazón de la moralidad. Si ellas estaban preocupadas por el bienestar de mi hijo, entonces, tal vez, estaban actuando moralmente: su comportamiento tenía una motivación moral. Y así, en esas noches brumosas de la paternidad temprana, nació un rompecabezas dentro de mí, uno que me ha estado carcomiendo desde entonces. Si hay algo en lo que la mayoría de los filósofos y científicos siempre han estado de acuerdo es en el tema de la excepcionalidad moral humana: los humanos, y solo los humanos, son capaces de actuar moralmente. Sin embargo, los perros rescatan a sus amigos y los elefantes cuidan a los parientes heridos: los humanos no tienen el monopolio del comportamiento moral.

Bekoff defiende la inteligencia de los animales no humanos y su moralidad documentando sus comportamientos:

  • Cooperación, que incluye altruismo, reciprocidad, honestidad y confianza.
  • Empatía, que incluye simpatía, compasión, dolor y consuelo.
  • Justicia, que incluye compartir, equidad, juego limpio y perdón.

Los animales tienen una rica vida emocional e intelectual. Charles Darwin argumentó que la diferencia entre animales y humanos es solo de grado, no de tipo, y que esto también es cierto para el sentido moral. En “El origen del hombreDarwin señala; “cualquier animal que estuviera dotado de instintos sociales bien marcados podría desarrollar un sentido de conciencia“.


Un grupo de perros salvajes salvan a una bebé recién nacida que había sido abandonada, aún con el cordón umbilical, desnuda y a la intemperie. La madre y sus cachorros la encontraron y cuidaron de ella toda la noche, dándole su calor corporal para que sobreviviera a las frías temperaturas.


La inteligencia animal resulta más habitual de lo que se pensaba. Ahora sabemos que las aves tienen habilidades que se creían exclusivas de los humanos. Las urracas se reconocen frente al espejo; los cuervos aprenden a construir y a usar herramientas y los loros grises africanos saben contar, clasifican objetos por el color o la forma y aprenden el significado de las palabras.

Cada vez más pruebas indican que el pollo doméstico posee una inteligencia sorprendente. Son ingeniosos, astutosmaquiavélicos y también compasivos. Hacen gala de complejas habilidades comunicativas y emplean señales complejas para dar a conocer sus intenciones. Y no solo eso: cuando toman decisiones apelan a su experiencia y a sus conocimientos sobre la situación, resuelven problemas difíciles y prestan ayuda ante un peligro.

fuente: Investigación y Ciencia Junio 2014


Debaten Manuel Carballal, Miguel Pedrero y Juanjo Sánchez-Oro en La Rosa de los Vientos sobre la inteligencia animal en contraposición a la inteligencia humana. ¿Somos el único animal que tiene conciencia de la muerte?
Explican cómo viven y entienden la muerte los animales con los libros LA ZARIGÜEYA DE SCHRÖDINGER de la doctora en filosofía Susana Monsó y EL BONOBO Y LOS DIEZ MANDAMIENTOS del primatólogo Frans de Waal; y KOKO la gorila que aprendió a hablar.

Cuando la zarigüeya se siente amenazada, se paraliza, con los ojos y la boca abiertos en una mueca petrificada, la temperatura corporal y respiración reducidas al mínimo, la lengua desplegando un tono azulado y sus glándulas anales oliendo a podrido. Pese a este disfraz de cadáver putrefacto, sigue pendiente de su entorno, lista para volver a la acción. Como el gato en la famosa paradoja de Schrödinger, la zarigüeya está viva y muerta al mismo tiempo.

La zarigüeya nos muestra el concepto de la muerte en otras especies y cómo viven su mortalidad: chimpancés que limpian los dientes a sus cadáveres, cuervos que evitan los sitios donde vieron un muerto, elefantes obsesionados con recolectar marfil y ballenas que cargan con sus fallecidos durante semanas.

A lo largo de la historia, el ser humano se ha creído el único animal con una consciencia de la mortalidad. Esta creencia no obedece más que a nuestros sesgos antropocéntricos y en nuestra relación con la muerte, somos tan solo un animal más.

Si en el pasado se sostenía que los animales carecían de emoción y sentimientos, en la actualidad los estudiosos del comportamiento animal pueden afirmar que la ayuda mutua, la compasión e incluso la angustia por la muerte de un congénere no son una excepción en la conducta de determinadas especies, sino la regla. Tras investigar las comunidades de bonobos y chimpancés, (lamentablemente e incoherentemente, con prácticas más que cuestionables, de un modo nada ético y exento de la compasión que él confiere a estas criaturas) el primatólogo Frans de Waal demuestra que los primates exhiben conductas claramente altruistas y que distinguen entre lo correcto y lo incorrecto.


The Council of Horses from John Gay's Fables By John Ferneley
The Council of Horses from John Gay’s Fables  – John E Ferneley National Trust Derby, United Kingdom

Cuán desdichada es nuestra raza,

Condenada a esclavitud y desgracia.

¿Es nuestro destino ser esclavos,

puesto que nuestros padres ya cadenas llevaron?

Considerad, amigos, vuestra fuerza y poderío;

para hacer valer vuestro libre albedrío.

Enjaezados para arrastrar el pesado carruaje dorado,

la soberbia del hombre es nuestro oprobio.

¿Fuimos creados para el duro trabajo diario?

¿Para arrastrar el arado por el barro?

¿Para sudar el arnés en la vereda?

¿Para gemir bajo la carga que nos quiebra?

Cuán débil es la raza de dos piernas,

y qué magna nuestra fuerza.

¿Debemos someter nuestros nobles belfos a la espuma indigna

y crujir de dientes con ira?

¿Con qué derecho cabalga engreído sobre mí el humano?

¿Y con su espuela hacerme sangrar los costados?

Impídelo, por los cielos, rechaza las riendas.

Clamemos por nuestra libertad,

y, ante nuestro nombre, que empiece a temblar.


JOHN GAY, THE COUNCIL OF HORSES (1727) TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL de LUISA CLAVER OÑATE

Las implicaciones éticas del trato que reciben

Los animales no pueden quejarse, no pueden hablar. No pueden pedir. Son los perfectos peones. No se sindicalizan, ni piden aumentos. Son piezas dóciles, baratas, sin derechos. No son individuos, son cosas, mercancías.

foto: Porque los animales importan – Blog del Partido Animalista – PACMA

Son los proletarios idóneos, muy productivos, que no necesitan ausentarse ni tener vacaciones pagadas. Pueden trabajar toda su vida sin que haya que velar por sus necesidades. Susceptibles de padecer maltrato y explotación, sin ningún derecho y asesinados cuando ya no son rentables.

Las leyes son el reflejo de la mentalidad imperante en la sociedad, y de los intereses económicos supeditados a esa mentalidad y no se establecerán leyes que protejan los derechos de los animales si no se reconocen moralmente esos derechos. Mientras esa situación de “inconsciencia colectiva“ no cambie, la ley se limita a regular la propiedad animal, es decir, el sometimiento de los animales no humanos como propiedades, recursos o mercancías para uso y abuso de los seres humanos.

El paradigma humanista actual es que sólo los seres humanos son sujetos de derecho, merecedores de unos principios morales y éticos. Dicho paradigma contiene un aspecto inclusivo (todos los seres humanos merecen protección) y uno exclusivo (sólo los seres humanos poseen esa condición). 

Quien se oponga a los derechos de los animales y sostenga que el hecho de ser persona se basa en ser miembro de la especie Homo Sapiens no es más que un fanático de la especie, no más sensato que los fanáticos de la raza que otorgan mayor valor a la vida de los blancos que a la de los negros. Después de todo, los demás mamíferos luchan por seguir vivos, experimentan el placer y sufren el dolor, el miedo y el estrés cuando su bienestar peligra. Los grandes simios también comparten nuestros placeres más elevados de la curiosidad y el amor a los parientes, y nuestros dolores más profundos, el aburrimiento, la soledad y la pena. ¿Por qué se iban a respetar esos intereses en nuestra especie y no en las demás?

Steven Pinker. La Tabla Rasa. pag.335 Ediciones Paidós

Jeremy Bentham, filósofo, economista, pensador y escritor inglés (1748 – 1832); en un pasaje con visión de futuro, escrito en una época en que los franceses ya habían liberado a sus esclavos negros mientras que en los dominios británicos aún se les trataba como tratamos hoy a los animales, Bentham escribió:

Puede llegar el día en que el resto de la creación animal adquiera esos derechos que nunca se le podrían haber negado de no ser por la acción de la tiranía. Los franceses han descubierto ya que la negrura de la piel no es razón para abandonar sin remedio a un ser humano al capricho de quien le atormenta. Puede que llegue un día en que el número de piernas, la vellosidad de la piel o la terminación del os sacrum sean razones igualmente insuficientes para abandonar a un ser sensible al mismo destino. ¿Qué otra cosa es la que podría trazar la línea infranqueable? ¿Es la facultad de la razón, o acaso la facultad del discurso? Un caballo o un perro adulto es sin comparación un animal más racional, y también más sociable, que una criatura humana de un día, una semana o incluso un mes. Pero, aun suponiendo que no fuera así, ¿qué nos esclarecería? No debemos preguntarnos: ¿pueden razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?

Bentham, J. 1789. An Introduction to the Principles of Morals and Legislation. Chapter xvii

En este pasaje, Bentham señala la capacidad de sufrimiento como la característica básica que le otorga a un ser el derecho a una consideración igual. La capacidad de sufrir —o, con más rigor, de sufrir y/o gozar o ser feliz— no es una característica más, como la capacidad para el lenguaje o las matemáticas superiores.

 Peter Singer. Animal Liberation (2ed) , 1990


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