Marta Tafalla: El impacto de la dieta humana está destrozando los ecosistemas

Belén López  09/04/26 DiariodePontevedra

Tenemos un planeta muy pequeño y muy frágil al que le exigimos lo que no puede darnos. Por eso, para Marta Tafalla (Barcelona, 1972), decrecer no es otra cosa que «una llamada a reconocer la realidad».

La pensadora, escritora y profesora de Filosofía de la Universitat Autònoma de Barcelona, animalista y ecologista en la Semana Galega de Filosofía.

A las tradicionales razones éticas y filosóficas para convertirse en vegano se han unido más recientemente razones relacionadas con las crisis ecológica. ¿Alimentarse se ha convertido en una cuestión más política que nunca?
Yo creo que sí. Es verdad que existe una tradición muy antigua de dietas vegetarianas o veganas ligadas a motivos éticos y de respeto a los animales. Eso está ya, por ejemplo, en la filosofía antigua. Temas que se discuten hoy sobre el veganismo ya los discutían los filósofos griegos y romanos. Cuando lees los textos ves que los argumentos son los mismos. Y eso ha estado también presente en el budismo o en el jainismo. Pero es verdad que ahora con la crisis ecológica afrontamos este debate con argumentos nuevos, porque ya no se trata solo de respeto al animal individual sino del impacto que tiene sobre los ecosistemas que comamos carne y pescado teniendo en cuenta que la población humana es muy elevada. Esto último es un elemento clave.

¿Hablar de pesca sostenible o ganadería sostenible es, entonces, un oxímoron?
No tiene sentido siendo la población humana tan grande como es. Creo que esto es algo que nos cuesta entender. En 1960 no llegábamos a 3.000 millones de personas y ahora somos 8.000 millones. ¿Qué quiero decir con esto? Que cuando pocas personas repiten una misma acción el impacto es pequeño, pero cuando son muchas el impacto se multiplica y llega a ser muy grande. Actividades como la ganadería o la pesca, que tienen mucho impacto negativo en los ecosistemas, son un ejemplo. Hace poco se hizo un estudio para calcular a cuánta carne y leche tocaríamos si solo existiese la ganadería extensiva de vaca, de cabra y de oveja, respetuosa con la diversidad y los ecosistemas. El resultado es que podríamos comer carne tres o cuatro veces al año y podríamos beber leche tres o cuatro veces al año. No se podría producir más. La ganadería extensiva no puede proveer de protenía a una población de 8.000 millones de personas. Debemos reflexionar sobre esta cuestión: la dieta de esta cantidad de población humana tiene un impacto muy fuerte en los ecosistemas. Por eso hay cada vez más climatólogos y más expertos en crisis ecológica que sostienen que deberíamos pasarnos a dietas vegetales en la medida de lo posible. Porque no a todo el mundo le es igual de fácil ni en todos los países es igual de fácil, pero deberíamos encaminarnos hacia ahí.

Efectivamente, aunque el veganismo podría presentarse como un horizonte ideal, es evidente no es lo mismo para alguien que vive en Galicia, el Sahel, el entorno del Amazonas o Noruega.
Eso es, pero el problema del impacto de la dieta de la población humana es el mismo. Por eso, todo el mundo que pueda debería transicionar en esa dirección, porque, si no, lo que estamos haciendo es destrozar los ecosistemas. La principal causa de extinción de animales vertebrados es la dieta cárnica. La principal causa de deforestación es la dieta cárnica. La principal causa de destrucción de hábitats es la dieta cárnica. Yo creo que todo esto se entiende mejor cuando observamos la naturaleza. Los animales carnívoros siempre tienen poblaciones más pequeñas y los herbívoros, más grandes. Si pensamos en el típico documental del Serengueti, las manadas inmensas son las de ñus y gacelas. ¿Dónde están los carnívoros? Hay dos leones en un rincón y una hiena en otro. Siempre son poquitos y son poquitos porque para el ecosistema es una dieta más costosa. El problema es que los humanos queremos una población muy alta y una dieta cárnica. 

La realidad es que la ganadería extensiva no puede alimentar a 8.000 millones de personas. Comeríamos carne tres o cuatro veces al año

¿Aunque el impacto de la agricultura sobre el planeta sea menor que el de la ganadería, si esta se convierte en la única fuente de alimento para los humanos, no plantea otros dilemas desde el punto de vista ecologista? ¿No supondría la desaparición de hábitats salvajes o la conversión de espacios naturales en terrenos cultivables?
En realidad, si todo el mundo se hiciese vegano, la agricultura disminuiría muchísimo en general, porque una grandísima parte de lo que se cultiva es para alimentar al ganado. Eso está estudiadísimo. Si todo el mundo en el planeta se hiciese vegano, la cantidad de tierra que usamos para producir alimento se reduciría en un 75%. Porque el problema es que cultivamos muchísima comida para dársela al ganado y luego comer ese ganado. Lo que estamos haciendo los humanos es una especie de experimento con el planeta: ser muchos y tener la dieta más cara de todas deforestando el Amazonas, contribuyendo al calentamiento global… Es un desastre. 

Es usted una firme defensora del decrecimiento.
Así es.

Si todo el mundo en el planeta se hiciese vegano, la cantidad de tierra que se cultiva se reduciría en un 75%

Es un concepto que no acaba de calar en las élites económicas y políticas, que son las que al final podrían tomar decisiones importantes al respecto.
No ha calado ni siquiera entre la gran mayoría de la ciudadanía, porque decrecer suena a perder. Todos querríamos tener más: más dinero, una casa más grande y viajar más lejos. Siempre aspiramos a tener más cosas. El problema es que los recursos de la Tierra son finitos. La cantidad de agua es finita, la cantidad de tierra fértil es finita… Los ecosistemas se regeneran, pero muy lentamente. Al final, este planeta es muy pequeño y muy frágil. Lo que tenemos que entender es que, cuando le estamos pidiendo al planeta crecer tanto, le estamos pidiendo algo que no puede darnos. Decrecer en realidad quiere decir aprender a encajar en los límites planetarios. El decrecimiento, en este sentido, no es otra cosa que una llamada a reconocer la realidad, una realidad que compartimos con muchas otras especies que también necesitan agua, alimento y espacio.

¿En un contexto internacional como el actual, donde, por ejemplo, se han vuelto a poner en tela de juicio derechos humanos fundamentales, cabe el optimismo en aspiraciones ecologistas?
El contexto es terrible efectivamente. En el Gobierno de varios países hay personas que destruyen más que construyen, cuando, ante la crisis ecológica actual, lo que necesitaríamos son políticos sensatos, responsables y que escuchen argumentos científicos. No los tenemos. Soy un poco pesimista, sí: el calentamiento global va muy rápido y la contaminación ambiental es un problema muy grave.

Diario de Pontevedra

El veganismo como eje ético y político es la única salida posible a las crisis actuales y la vía para acabar con la violencia estructural