¿Por qué no dejamos a los insectos en paz?


foto entrada: Two overly happy Mantis reddit

Barcelona, ciudad cool donde las haya. Con restaurantes que presumen de carnes exóticas. Con cartas que ofrecen carne de cocodrilo, de delfín, de canguro, y, ¿qué hay más cool que ofrecer insectos? Grillos, tijeretas, hormigas, escarabajos, saltamontes

La nueva ola culinaria parece que ha encontrado en estos seres la coartada perfecta para mantener la superchería de sostenibilidad y ecoeficiencia.

Vacas y terneros, aves y peces, corderos y cabritos, cerditos y potrillos. Ahora les toca el turno a los insectos. Son las víctimas perfectas para no hacer descarrilar a los diletantes de la huella ecológica, el impacto medioambiental y la optimización de los recursos.

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En primer lugar, no tenemos ninguna necesidad nutricional de comer ningún otro animal o sus derivados. Una alimentación vegana bien equilibrada aporta todos los nutrientes. No necesitamos comer insectos, huevos, lácteos o peces para el aporte de proteínas.

Por otro lado, si el consumo de insectos aumentara exponencialmente para satisfacer esta nueva moda en los países occidentales, lo más probable es que empezasen a brotar espantosas granjas como la que se anuncia arriba. Fábricas de insectos para satisfacer la codicia humana, semejantes a las pavorosas y angustiantes fábricas de gallinas, vacas, cerdos y peces.

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¿Por qué no dejar a los insectos en paz?
Blue Wing Mantis Pinterest

Por último, los insectos son animales dotados de sistema nervioso y neuronal que demuestran sorprendentes capacidades cognitivas. En los insectos, el llamado complejo central del cerebro podría desempeñar una función esencial en la capacidad de decidir, la cual iría acompañada de formas de consciencia.

La Universidad Queen Mary de Londres ha publicado estudios que revelan que los insectos pueden tener una cultura. Los abejorros han aprendido un comportamiento no natural y lo transmiten de uno a otro. Un lujo para cerebros refinados, como el de humanos, primates, delfines y algunas aves, como los cuervos. Este comportamiento implica una capacidad de abstracción: el abejorro «alumno» tiene que deducir el significado y el propósito de las acciones del abejorro «maestro», proyectarlas sobre sí mismo y planificar la acción. De alguna manera, debería ser consciente de lo que hace. Pero ¿puede un insecto ser consciente? La pregunta, antes considerada absurda, comienza a tomarse en serio.

fuente La consciencia de los insectos Investigación y Ciencia MENTE Y CEREBRO MARZO/ABRIL 2019

angelkiyoss.tumblr.com

Todos los seres sintientes -animales con sistema nervioso- son seres conscientes. Experimentan dolor y sufrimiento, ansiedad si se les tiene en cautividad; no los convirtamos en máquinas para satisfacer al humano.

Menos pesticidas y más mariquitas Contrainformacion.es

¿Y si los insectos pueden sentir dolor?

Laura Camacho  EL PAÍS

Una revisión de estudios confirma que los insectos. cuentan con los mecanismos necesarios para padecer dolor.

En el mundo se han contabilizado alrededor de un millón de especies de insectos, aunque se estima que en total puede haber hasta 10 millones, según cálculos de la Real Sociedad Entomológica de Londres, que se dedica a estudiarlos. A pesar del gran número de especies que componen a estos artrópodos, no siempre se han estudiado en igual medida que otros animales, según defiende José Carlos Oteroprofesor emérito Ad Honorem de la Universidad de Santiago de Compostela. Pero esto está cambiando: “Ahora empiezan a estudiarse bastante porque nos estamos dando cuenta de que son absolutamente necesarios para la pervivencia de la especie humana, es decir, que una buena cantidad de cosas que nos proporcionan los servicios ecosistémicos que proviene de los animales son de los insectos”, explica. Recientemente, un grupo de investigadores ha intentado responder, con un estudio, a un debate que lleva varios años abierto: ¿los insectos son capaces de sentir dolor? Para ello han realizado una revisión de la literatura disponible, cuya conclusión confirma que los insectos tienen los mecanismos necesarios para experimentar el sufrimiento. Aunque estos resultados, matizan los responsables, no son una prueba definitiva y se han de complementar en un futuro con más trabajo conductual, psicológico y hormonal.

Lars Chittka, profesor de ecología sensorial y conductual de la de la Universidad Queen Mary de Londres y uno de los autores del estudio, explica que es relevante tener certezas sobre esta cuestión en una época en la que se puede observar el crecimiento de la industria de los insectos como vía de consumo para personas, pero también para el ganado. En 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alentó a comer insectos para combatir el hambre y definió a estos animales como una fuente importante y fácilmente accesible de alimentos nutritivos y ricos en proteínas.

El investigador, que acaba de publicar un libro titulado The Mind of the Bee (La mente de una abeja en español), sostiene que no existe un marco legal para el uso de estos insectos en el caso de la industria, pero tampoco en el caso de la investigación, e insta a entender lo que sucede bien con estos animales, “antes de que se repitan los mismos tipos de errores que ya sucedieron con la crianza de pollos, por ejemplo”. Otero aboga también por legislar toda esta cuestión, especialmente la forma de sacrificarlos en la industria, porque está “convencido de que sufren”.

La nocicepción es el mecanismo sensorial que permite a los animales sentir y evitar estímulos potencialmente dañinos, según explica una investigación publicada en Current BiologyUn ejemplo de este concepto se da cuando se está expuesto a algo muy caliente y los receptores especializados de la piel responden a ese estímulo y lo alejan rápidamente de él. Esto está presente en todos los animales, detalla Chittka, y ha sido bastante estudiado en insectos. Pero la nocicepción no es necesariamente una evidencia de que el animal sienta una especie de sensación subjetiva de desagrado en su mente, es decir, el dolor.

Por tanto, es importante distinguir entre esta respuesta refleja y el dolor. “Lo que es interesante en ese sentido es que existe una especie de control de arriba hacia abajo, desde el cerebro de la sensación periférica de la nocicepción. Si bien este tipo de respuestas nociceptivas son casi automáticas, un reflejo del control del cerebro nervioso central de la sensación periférica muestra que es flexible y puede controlarse desde el cerebro”, concreta este autor. Para simplificarlo recurre al ejemplo de un soldado herido en un campo de batalla que no es consciente de su herida hasta que regresa a su refugio. Esto es consecuencia de su sistema de opiáceos endógeno. “En ese sentido, se puede demostrar que existe este tipo de modulación nerviosa central de la sensación de un estímulo potencialmente dañino que indica que existe plasticidad que viene con el dolor real, no solo con la percepción”, añade. Y esto es lo que han concluido que tienen los insectos. En este proceso se necesitan vías neuronales y bloques de construcción moleculares.

Además de analizar si los insectos sufren dolor, un equipo de investigadores dio un paso más allá y publicó en 2019 un estudio en el que afirmaron que algunos de estos animales pueden experimentar dolor crónico, que dura tiempo después de que una herida inicial ha sanado. En esta investigación, publicada en la revista científica Science Advances, los investigadores dañaron un nervio de una pata de la conocida como mosca de la fruta. Una vez que la herida se curó, descubrieron que las otras patas de la mosca se habían vuelto hipersensibles.

Viéndome perseguido por la alondra
Que en su rápido vuelo
Arrebatarme quiso en su piquillo
Para dar alimento a sus polluelos,

Yo, diminuto insecto de alas de oro,
Refugio hallé en el cáliz de una rosa,
Y allí viví dichoso desde el alba
Hasta la nueva aurora.

Mas aunque era tan fresca y perfumada
La rosa, como yo no encontró abrigo
Contra el viento, que alzándose en el bosque
Arrastróla en revuelto torbellino.

Y rodamos los dos en fango envueltos
Para ya nunca levantarse ella,
Y yo para llorar eternamente
Mi amor primero y mi ilusión postrera.

Rosalía de Castro
El insecto y la estrella Manuel Reina

Mirad aquel insecto
de transparentes alas
en los brillantes pétalos posado
de aquella rosa blanca.


El cielo contemplando
las largas noches pasa,
fija la vista en la hermosura y brillo
de cierta estrella pálida.

¡Amor de un pobre insecto!
¡amor sin esperanza!
la estrella no lo mira, es insensible;
las estrellas no aman.

En la nevada rosa
se ven, por las mañanas,
mil gotas cristalinas que parecen
abrasadoras lágrimas.

Dejad los insectos tranquilos

La extinción de insectos pone en riesgo la sostenibilidad agraria del planeta

La tasa de extinción de los insectos es hasta ocho veces superior a la de los animales vertebrados. Los cambios del uso de la tierra, los pesticidas y la crisis climática están detrás de este declive poblacional que, según los entomólogos, podría ser dramático.

 ALEJANDRO TENA Público 14/02/2022  

Están desapareciendo, pero a nadie parece importarle. Los insectos se están extinguiendo a un ritmo cada vez más elevado sin que se preste atención a este drama. La Asociación de Entomología Española estima que en los últimos años se han perdido el 70% de las poblaciones voladoras de Europa. La tasa de extinción de estos seres es hasta ocho veces superior que la de los animales vertebrados y las consecuencias podrían desencadenar múltiples problemas.

“Los insectos pasan desapercibidos y su desaparición también, a pesar de que tiene una importancia tremenda”, dice José María Hernández, vicepresidente de la Asociación Española de Entomología, que considera que la pérdida de individuos es ya un problema de “escala global” por la funcionalidad biológica de estos seres. “Constatamos una bajada en su riqueza y en su abundancia, lo que puede derivar perfectamente en una catástrofe ambiental”.

El 75% de los cultivos dependen de alguna u otra manera de los insectos polinizadores

Esa catástrofe tiene que ver con la utilidad de muchos de estos seres, cuyas poblaciones no hacen otra cosa que menguar como consecuencia de la crisis climática y de la presión del ser humano sobre los ecosistemas. Los polinizadores son la cara visible de cómo un problema de biodiversidad puede convertirse un problema económico y social global. Este tipo de fauna –abejas, mariposas o algunos tipos de moscas, entre otros– son esenciales para que los cultivos puedan tener un rendimiento adecuado y producir el fruto plantado.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 75% de los cultivos dependen de alguna u otra manera de estos animales para la polinización. En términos productivos, el porcentaje es más bajo, y se estima que el 35% de los alimentos cosechados dependen de los insectos polinizadores, lo que sigue siendo un porcentaje preocupante en mitad de una coyunta de crisis climática donde las temperaturas podrían condicionar aún más el declive de estos seres vivos. Las poblaciones de mariposas y de abejorros, por ejemplo, ya han descendido un 25% desde 1991 en la mayor parte de los países europeos, según los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Esto tiene unas consecuencias importantes a nivel económico. Un informe de dicha organización publicado recientemente estima que por cada euro que produce un cultivo de manzana, 92 céntimos no serían posibles sin polinización. En el caso de los arándanos, la cifra se sitúa en los 80 céntimos; 78 céntimos en el kiwi; y 50 en la fresa. Los insectos polinizadores aportan 2.400 millones de euros de valor asociado agrícola en España.

A corto plazo ya estamos viendo los efectos de los cambios del uso del suelo y del uso desmesurado de pesticidas y biocidas. A largo plazo las consecuencias podrían ser peores por el cambio climático, que es un factor más que agravará la situación.

Pero el rendimiento agrario no es el único elemento perjudicado por el descenso de las poblaciones de insectos.

El papel de algunas especies coprófagas o coleópteras, como los escarabajos, en la limpieza del campo. “Estos animales son descomponedores, lo que quiere decir que se alimentan de la materia fecal de los herbívoros. Son los responsables, en buena medida, de que los prados donde pasta el ganado extensivo estén limpios, sin ellos estarían saturados de excrementos y no serían sostenibles para la ganadería”, advierte el entomólogo.

“También son importantes los que denominamos enterradores, que son especies que se ocupan de degradar los restos orgánicos de los animales muertos, de descomponer y ayudar a reciclar cadáveres. En su conjunto, casi todos son importantes para la biodiversidad, para que se puedan mantener las redes tróficas y sirvan de alimentos a aves e incluso mamíferos como el zorro. Creo que no se puede poner una escala, al final todos los insectos tienen una función; son todos igual de importantes”, opina.


Un comentario sobre “¿Por qué no dejamos a los insectos en paz?

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  1. Es una tragedia ver en primavera cómo con las podas de árboles, que coinciden con la nidificación y época de cría de aves, se destruyen nidos y se matan polluelos de gorrión, mirlos, torcaces, etc.
    También en primavera, el desbroce y aclarado de vegetación en los márgenes de caminos y el uso de herbicidas que además de no hacer ninguna falta, mata miles y miles de pequeños insectos necesarios para el ecosistema en su época de cría como grillos, saltamontes, libélulas, mariposas, y cigarras.

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